Temas como el desarrollo de una fuerza letal capaz de actuar en masa y la conducción militar fueron parte de la discusión la última versión de la Land Warfare Conference de RUSI en Londres.
“Desbloqueando ventajas” fue el concepto de la última versión de la Land Warfare Conference organizada por el Royal United Services Institute (RUSI), en Londres, el 17 y 18 de junio pasados. Cómo desarrollar una fuerza letal capaz de actuar en masa a través de la transformación; la incorporación de multiplicadores del poder de combate para obtener una fuerza totalmente integrada, con la capacidad de escalar con rapidez; y la conducción militar fueron parte de los temas de la discusión, desde la concepción operacional hasta los nuevos desafíos en el nivel táctico. Por cierto, la guerra en Ucrania acaparó una parte importante de la atención del evento; no obstante, se analizaron lecciones desde el conflicto en desarrollo en Medio Oriente y la situación por la que atraviesa la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
En esta oportunidad, los expositores estuvieron encabezados por el Secretario de Estado para la Defensa del Reino Unido, John Healey, junto al almirante Tony Radakin, jefe del estado mayor de la Defensa, y el jefe del estado mayor del Ejército Británico, general Roly Walker. Además, participaron en la discusión el comandante de la flota de la Real Armada Británica, el jefe del estado mayor de la Real Fuerza Aérea y el comandante del Comando Estratégico del Reino Unido. Del mismo modo, fueron parte de la conferencia los jefes de los ejércitos de Alemania, Australia, Francia y Suecia, así como el comandante general del Ejército de los Estados Unidos para Europa y África, lo que da cuenta del interés e importancia de este evento. Por último, completaron el escenario destacados académicos, investigadores de centros de estudios, oficiales de las fuerzas armadas de más de 25 países y representantes de la industria de la defensa.

No obstante, de la amplitud de las materias tratadas, es posible resaltar seis aspectos relevantes. Primero, se destacó la situación y dirección en que marcha el Ejército del Reino Unido. En palabras de su máxima autoridad, la institución se encuentra en pleno proceso de modernización derivado de cambios en el contexto y amenazas; en especial, Rusia. Se planteó que dicho proceso debe ser acelerado, velando por explotar características como la innovación, la capacidad de producción a gran escala y avanzar de manera determinante hacia la digitalización de la fuerza. El diseño de fuerza concebido por el Ejército británico contempla que la estructura futura contará con un 20% de medios que deben sobrevivir ante las amenazas. Este componente —el corazón de la fuerza— está caracterizado por medios blindados (tanques, vehículos de combate de infantería, ingenieros de combate, reconocimiento), vehículos de transporte con protección, artillería de largo alcance, helicópteros de ataque, defensa aérea basada en tierra, así como distinto equipamiento para la tropa. A lo anterior, se debe sumar un componente concebido para ser sujeto de atrición equivalente al 40% de la fuerza y otro 40% de medios definidos como consumibles (principalmente drones y otros equipos fungibles). En términos económicos, este esfuerzo considera que el 20% descrito como principal y que continuará siendo el elemento central del sistema de combate empleará el 50% del presupuesto asignado.
De la misma manera, dicha fuerza, para ser escalable, exige un sistema de producción industrial que no se concentre solo en generar stocks, sino que impulse el desarrollo acelerado a través de la investigación, creación de tecnologías disruptivas, favoreciendo el empleo de especialistas idóneos. La idea es generar capacidades más rápido, de mejor calidad y a más bajo costo. No obstante estos importantes desafíos, el general Walker insistió en que el punto central de la fuerza terrestre continúa siendo el soldado, el que equipado con la adecuada tecnología y sustentado en los valores nacionales, genera la capacidad de combate. De ahí la relevancia del reclutamiento, la educación, el entrenamiento y la retención del talento en la institución.
El segundo aspecto destacado fue la necesidad de evaluar adecuadamente la tecnología. En este sentido, se concluyó que la tecnología es de la mayor relevancia, pero no entrega ventajas, sino que otorga la posibilidad de que quien la use genere dichas ventajas. Las fuerzas deben asumir la realidad y combinar tecnologías antiguas y nuevas para obtener el máximo rendimiento. Si bien los drones están impactando de forma determinante en el campo de batalla y lo seguirán haciendo, sistemas tradicionales siguen vigentes, como el caso de la artillería, la que sigue siendo el elemento de mayor capacidad para causar daño (el uso masivo de drones es consecuencia de la carencia de este tipo de medios, no su reemplazo). Del mismo modo, si bien la innovación es muy relevante, no resulta suficiente si los países no son capaces de escalar en magnitud, lo que debe tenerse presente.
Por otra parte, la conferencia abordó la situación de la OTAN. Las principales ideas se relacionan con la identificación clara de Rusia como su principal amenaza directa y el progresivo y claro alineamiento de dicho país con China, Irán y Corea del Norte. De esta manera, la alianza se encuentra en pleno proceso de adaptación a la nueva realidad geopolítica y estratégica, lo que está demandando importantes recursos, generación de unidades, adquisición y desarrollo de sistemas de armas, adaptación en la organización y doctrina, sólo por mencionar algunos. Aquí hubo unanimidad en que el problema que enfrentan es claro, por lo que los esfuerzos deben concentrarse en generar alternativas de solución. Sin duda, los principales desafíos están más relacionados con el ámbito político, arena donde deben adoptarse las decisiones y acuerdos que definen el futuro de la organización. Como era de esperarse, el compromiso de los Estados Unidos con sus socios transatlánticos fue materia de discusión. Al final, a pesar de la retórica del actual gobierno norteamericano, los hechos muestran que no ha cambiado su postura, manteniendo la estructura y el esfuerzo desplegado en Europa. Al final, si bien podría haber cambios en el futuro, se estiman poco probables y que no estarían relacionados con la cobertura nuclear ni con capacidades críticas que Washington provee, tales como defensa aérea y de misiles y sostenimiento y transporte estratégico, por nombrar algunos.
Un cuarto elemento destacado fue la necesidad de desarrollar proyectos de defensa oportunos, más letales, pero también más económicos, capaces de hacer frente a los requerimientos logísticos de operaciones de alta intensidad que se extiendan por largos períodos de tiempo. Para enfrentar dicho desafío, se enfatizó en la integración de “técnicos y tácticos”, tanto en la industria como en los cuarteles generales, de manera de recopilar experiencias y asesorar lo más directamente posible. Asimismo, este esfuerzo demanda el fortalecimiento de la base industrial, donde la asociación con la empresa privada resulta fundamental, dada la flexibilidad y capacidad financiera que la caracteriza.
El quinto factor abordado fue el rol y la responsabilidad política en el proceso. Fue el secretario de estado para la Defensa quien abordó directamente el tema. En síntesis, Healey planteó la obligación de los gobiernos de generar las condiciones para la constitución de una fuerza como la que el Reino Unido pretende. De esta manera, la reciente Revisión de la Estrategia de Defensa (SDR, por sus siglas en inglés) da cuenta de esta situación y cuyo objetivo es hacer al país más seguro, más protegido en su territorio y más fuerte en el exterior. Según la autoridad británica, este desafío plantea objetivos ambiciosos, como el incremento del gasto en Defensa hasta al 3% del producto interno bruto; en especial, después de un largo período de declive en la inversión nacional en este ámbito. Para contar con una fuerza militar más grande y letal que la actual, se deben generar ventajas en el campo de batalla. Por eso, se requiere talento, el que debe desarrollarse y retenerse mediante el ofrecimiento de incentivos que representen mejores condiciones para el personal militar y sus familias. El reclutamiento, que proporciona el capital humano adecuado en calidad y tiempo al Ejército británico, es una responsabilidad del Estado, así como también lo es el demostrarle a la sociedad el rol e importancia de la función militar.
El último punto para destacar se refiere a los desafíos que presentan las operaciones en el futuro. Este punto concentró gran parte de la discusión. Por un lado, la opinión general es que, si bien se debe estudiar con profundidad lo que ocurre en la guerra en Ucrania, al mismo tiempo se deben seguir los acontecimientos en otras zonas de conflicto muy distintas, como lo que está ocurriendo en Medio Oriente. Además, se debe estar consciente de que la tarea es prepararse para la siguiente guerra, no la anterior. Relacionado con esto, los planificadores deben preguntarse no sólo cuándo terminará el proceso de preparación proyectado, sino que —igual de importante— es la interrogante sobre cuán preparadas están las fuerzas actualmente para enfrentar contingencias.
Al momento de identificar desafíos de la preparación para la guerra, destacó la relevancia que tiene la “masa”, ya sea la disponibilidad de personal y sistemas de armas y municiones como también en la capacidad de absorber daños y bajas. Todo previendo el desarrollo de conflictos prolongados de alta intensidad. Aquí, la incorporación creciente de tecnología es un proceso irreversible, donde la digitalización e inteligencia artificial solo irán en aumento. Sin duda, la idea de la transparencia en el campo de batalla volvió a ser central, además del actual rol y preponderancia de los drones.
Sobre la conducción de las operaciones en el futuro, se vislumbraron desafíos a nivel táctico y operacional. En cuanto al primero, uno de los más importantes está representado, según el experto David Kilkullen, por el dilema entre la dispersión de los medios para incrementar la supervivencia dada la transparencia del campo de batalla y, por otro lado, la necesidad de actuar en masa por medio de la integración y coordinación. Esto demanda adaptación en términos de tecnología (comunicaciones, guerra electrónica, digitalización, etc.), organización y conceptos doctrinarios. Por supuesto que lo anterior no se improvisa y requiere tiempo para incorporarse y asentarse en el entrenamiento. Respecto del nivel operacional de la guerra, el Dr. Chris Kolenda planteó que se debe recuperar la capacidad de articular este nivel de la conducción militar. Sostuvo que fracasos históricos, como Vietnam, Irak y Afganistán, tienen en común fallas en este sentido. Para solucionar lo anterior y transformar éxitos tácticos en la consecución de objetivos estratégicos de largo plazo, se requiere de una clara autoridad (autoridad y mando), generar la doctrina (relaciones, funciones y responsabilidades) y la ubicación adecuada de los medios, especialmente los militares.
REFLEXIONES FINALES
Marcelo Masalleras, investigador sénior de AthenaLab
Londres, 19 de junio de 2025
Richard Kouyoumdjian