Comentarios y Análisis
ANÁLISIS | Elecciones en sociedades polarizadas: implicancias para Chile
1. Contexto
Dos elecciones generales marcaron la agenda internacional el pasado fin de semana. Ambas tuvieron lugar en sociedades fuertemente divididas, aunque por razones distintas: Perú y Hungría (V-Dem 2026)[1]. En Perú, la alta fragmentación del voto postergó la definición presidencial para una segunda vuelta; en Hungría, el triunfo arrollador de la oposición puso fin a dieciséis años de hegemonía de Viktor Orbán. Más allá de sus diferencias institucionales y la distancia geográfica con Chile, ¿qué nos dicen los resultados de estas elecciones?, ¿qué implicancias estratégicas plantean para nuestro país?
Figura 1. Perfil político-institucional de Perú y Hungría

2. Perú y la democracia desarraigada
La primera vuelta presidencial en Perú ofreció pocas sorpresas. Como en procesos anteriores, la elección se desarrolló en un contexto de fuerte conflicto entre el Ejecutivo y el Legislativo, una numerosa oferta de candidatos, y una definición disputada del balotaje, marcada además por denuncias de fraude electoral. Al cierre de este reporte, la segunda vuelta ha quedado definida entre Keiko Fujimori (17%) y el candidato de la izquierda Roberto Sánchez (12%).
El escenario electoral peruano viene precedido por una secuencia de crisis políticas. Desde 2016, las renuncias y destituciones presidenciales por acusaciones de corrupción e “incapacidad moral” se han vuelto recurrentes[2]. Paradójicamente, esta alta rotación no contuvo la proliferación de candidaturas a la presidencia: en 2026, los treinta y cinco postulantes inscritos en primera vuelta confirmaron la anomalía. Sin embargo, la abundancia de nombres convive con la escasez de alternativas políticas sólidas, estables y con anclaje territorial. Ello ha alimentado la desafección ciudadana, debilitado la legitimidad de las instituciones y fortalecido los liderazgos personalistas[3].
La segunda vuelta se perfila como una contienda polarizada y competitiva. Sin embargo, la alta votación de candidatos vinculados a la derecha política vuelve probable el triunfo de Keiko Fujimori en su cuarto intento por llegar a la presidencia. De concretarse ese resultado, Perú se sumaría a una tendencia visible en parte de América Latina desde 2022: la alternancia en el poder y el giro ideológico hacia la derecha (figura 2).
Figura 2. Proyección de mapa político-ideológico en Sudamérica desde junio de 2026

En un país atravesado por una crisis de representación profunda, sin partidos con identidades programáticas nítidas y con escasa capacidad de intermediación[4], el posible triunfo de la derecha no debe leerse como un giro exclusivamente ideológico. Expresa, más bien, el peso de una coyuntura en la que la inseguridad se ha convertido en el principal organizador de la competencia política en la región[5]. Hasta ahora, Fujimori y buena parte de las candidaturas cuyos votos podrían inclinar la segunda vuelta han concentrado sus promesas en la mano dura contra el crimen y la inmigración irregular. Con los homicidios, las extorsiones y el sicariato instalados en el centro de la preocupación pública, la elección parece favorecer a la alternativa fujimorista.
3. La caída del referente “iliberal”
En Hungría, el resultado dejó poco margen para la especulación. El partido gobernante, Fidesz, sufrió una derrota contundente frente a Tisza, la fuerza opositora que obtuvo dos tercios de los escaños en el Parlamento. Con ello, concluyó la era de Orbán como primer ministro, tras cuatro reelecciones consecutivas desde 2010.
Tres dinámicas parecen haber erosionado el apoyo a Orbán. La primera fue el desgaste provocado por las persistentes denuncias de corrupción. Escándalos y prácticas de nepotismo reforzaron la percepción de que Fidesz había derivado en una máquina de favores políticos[6]. Esto hizo que la promesa anticorrupción del opositor -y exaliado- Péter Magyar conectara con un electorado hastiado.
La segunda dinámica fue el deterioro económico. Desde mediados de 2022, la tasa de interés en Hungría se ha mantenido por sobre el 6%, y el país creció apenas un 0,4% el año pasado[7]. En comparación con economías vecinas, como las de Polonia, Chequia y Eslovaquia, el desempeño húngaro fue más débil, lo que reforzó la percepción de que Orbán ya no garantizaba bienestar material.
La tercera dinámica fue el creciente costo político de la confrontación de Orbán con la Unión Europea, en un contexto marcado por su cercanía con Moscú. Al negar apoyo militar a Ucrania y bloquear sanciones contra Rusia[8], el primer ministro profundizó su aislamiento en Europa y reforzó la percepción de que esa estrategia estaba generando costos materiales para Hungría, que aún tenía cerca de €17.000 millones en fondos europeos retenidos por incumplimientos en materia de Estado de derecho (figura 3).
Figura 3. Deterioro democrático en Hungría 2000-2024, según los índices de V-Dem[9]

Los resultados de las elecciones en Hungría son relevantes porque contradicen varias intuiciones arraigadas. Cuando el deterioro de las democracias liberales parecía haberse instalado como un diagnóstico incuestionable, la derrota de Orbán muestra que la movilización en las urnas sigue importando, incluso cuando los mecanismos de check and balances se debilitan. Asimismo, la intervención de una superpotencia como Estados Unidos en una elección doméstica -el vicepresidente J. D. Vance viajó a Budapest pocos días antes para respaldar a Orbán- pareció no alterar las preferencias del electorado. Hungría demuestra así que la democracia liberal aún puede imponerse, incluso en uno de los reductos emblemáticos de las llamadas democracias iliberales.
4. Implicancias para Chile
Los resultados de las elecciones en Perú y Hungría tienen implicancias directas e indirectas para Chile. En el caso de Perú, la probable elección de una candidata ideológicamente afín a la administración de Donald Trump aumentará las probabilidades del reforzamiento de la alianza estratégica entre ambos países. Este vínculo bilateral se ha incrementado en los últimos años, teniendo como hitos recientes las negociaciones para la eventual compra de una docena de cazas F-16 por parte de Perú a Estados Unidos[10], y la decisión adoptada por Washington, el 14 de enero de 2026, de designar a Perú como “Aliado importante extra-OTAN”[11], la mayor alianza estratégica militar en el mundo.
Aunque esta condición no implica una garantía de defensa automática a Perú, sí otorga ciertos beneficios militares y económicos, como licencias más expeditas para el acceso a tecnología satelital, la investigación y desarrollo cooperativo, arrendamiento comercial de artículos de defensa y cooperación antiterrorista. En Sudamérica, solo Argentina, Brasil y Colombia mantienen esa categoría. En este contexto, el hecho de que dos de los tres vecinos de Chile mantengan una relación militar privilegiada con Estados Unidos obliga a nuestro país a preguntarse cómo aspira a posicionarse frente a Washington en el mediano y largo plazo, y si le conviene reforzar, equilibrar o diversificar sus propias alianzas estratégicas.
Simultáneamente, un probable acercamiento del nuevo gobierno peruano a Estados Unidos podría tensionar las relaciones con China, que busca preservar su influencia en el Pacífico Sur. El reciente conflicto en torno al puerto de Chancay y otros desencuentros entre ambas superpotencias por su influencia en Perú anticipan tensiones que, bajo ciertas condiciones, también podrían proyectarse sobre nuestro país.
Por otro lado, la posible afinidad ideológica entre el futuro gobierno peruano y la administración Kast podría facilitar una relación más fluida de confianza y cooperación. La convergencia de intereses en materias como el combate al crimen organizado transnacional, el control de fronteras y las proyecciones económicas hacia el Pacífico Sur abre una oportunidad para estrechar vínculos en un momento simbólicamente relevante: la proximidad del centenario del Tratado de 1929, que cerró la controversia de soberanía entre ambos países tras la Guerra del Pacífico. Con todo, esa posibilidad dependerá de la capacidad del próximo presidente peruano para estabilizar la política interna y sostener su gobierno en un país marcado por años de inestabilidad.
En cuanto a los resultados electorales en Hungría, sus implicancias son más indirectas para Chile. De todos modos, la derrota de Orbán entrega varias señales de alerta al gobierno de Kast, que ha declarado su admiración al modelo de liderazgo del primer ministro húngaro y sus políticas de seguridad[12].
En primer lugar, la experiencia húngara sugiere que la “securitización” de la agenda puede ser eficaz para llegar al poder, pero insuficiente para conservarlo. El discurso del orden y la promesa de control aseguran cohesionar una mayoría electoral en contextos de temor e incertidumbre. Sin embargo, una vez en el gobierno, esa fórmula empieza a desgastarse si no va acompañada de resultados económicos y expectativas de progreso colectivo. La Hungría de Orbán muestra, en ese sentido, que la seguridad puede abrir una puerta electoral, pero no reemplaza las condiciones que sostienen la legitimidad de un proyecto en el tiempo.
La caída de Orbán también sugiere que la principal amenaza para un proyecto de derecha no siempre proviene de la izquierda, sino de una disidencia propia capaz de capitalizar sus errores. Cuando un gobierno empieza a asociarse con corrupción y captura del sistema, sus críticos más eficaces suelen ser quienes conocen su lenguaje, comparten parte de su electorado y pueden presentarse como una corrección antes que como una ruptura. Para el presidente Kast la lección es clara: los riesgos más serios para su gobierno podrían provenir de figuras o sectores de derecha capaces de disputar su base desde una posición más creíble y menos desgastada.
Por último, el ocaso de Orbán muestra que los alineamientos internacionales pueden generar costos internos. Una política exterior fuertemente identitaria puede transformarse, con el tiempo, en una fuente de costos visibles si pasa a asociarse con aislamiento, rigidez o perjuicios materiales para el país. Para el nuevo gobierno en Chile, la lección es que la cercanía ideológica con ciertos liderazgos externos plantea riesgos, ya que puede volverse un pasivo si termina afectando relaciones estratégicas valiosas para el interés nacional.
Diego Sazo
Jefe de investigación en Relaciones Internacionales
[1] V-Dem, “Political polarization score – V-Dem” [dataset], procesado por Our World in Data, basado en “Democracy report v16” [datos originales], consultado el 13 de abril de 2026, https://archive.ourworldindata.org/20260402-164039/grapher/political-polarization-score.html
[2] Carmen Ilizarbe Pizarro, “Perú 2022: Colapso democrático, estallido social y transición autoritaria,” Revista de Ciencia Política 43, no. 2, 2024.
[3] Carlos Meléndez, The Post-Partisans: Anti-Partisans, Anti-Establishment Identifiers, and Apartisans in Latin America (Cambridge University Press, 2022).
[4] Jason Seawright, Party-System Collapse: The Roots of Crisis in Peru and Venezuela (Stanford University Press, 2012).
[5] Lucía Dammert, Anatomía del poder ilegal: Violencia, crimen organizado y corrupción en América Latina (Ariel, 2025).
[6] József Péter Martin y Áron Hajnal, “Trials and Errors: Limitations of Anti-Corruption and Rule-of-Law Policies in the Context of Systemic Corruption. The Case of Hungary,” Public Integrity, 2025, 1-16; Mihály Fazekas y István János Tóth, “From Corruption to State Capture: A New Analytical Framework with Empirical Applications from Hungary,” Political Research Quarterly 69, no. 2, 2016, 320-334.
[7] Trading Economics, “Hungary GDP Growth Rate,” con datos de la Hungarian Central Statistical, consultado el 14 de abril de 2026, https://tradingeconomics.com/hungary/gdp-growth
[8] The Guardian, “Viktor Orbán refuses to agree to €90bn loan for Ukraine as EU leaders accuse him of betrayal,” 19 de marzo de 2026, https://www.theguardian.com/world/2026/mar/19/hungary-orban-ukraine-loan-veto-eu-summit-europe
[9] Según V-Dem, el indicador “Democracia electoral” calcula en qué medida los gobernantes son elegidos mediante elecciones libres, justas y competitivas, con sufragio amplio y libertad de organización política y de prensa. “Democracia liberal”, en tanto, extiende la democracia electoral incorporando la protección de derechos individuales y de minorías frente al Estado: independencia judicial, estado de derecho y límites constitucionales al ejecutivo.
[10] La República, “Gobierno elige los cazas F-16 Block 70 en un proceso con criterio político,” 14 de abril de 2026, https://larepublica.pe/politica/2026/04/14/gobierno-elige-los-cazas-f16-block-70-en-un-proceso-con-criterio-politico-fuerza-aerea-del-peru-fap-mindef-ministerio-de-defensa-hnews-570332
[11] Swissinfo, “Perú anuncia que Trump lo propone como aliado principal «extra OTAN»,” 13 de diciembre de 2025, https://www.swissinfo.ch/spa/per%C3%BA-anuncia-que-trump-lo-propone-como-aliado-principal-%22extra-otan%22/90634216
[12] France 24, “El presidente electo de Chile dice que se inspirará en políticas de Italia y Hungría,” 7 de febrero de 2026, https://www.france24.com/es/minuto-a-minuto/20260207-el-presidente-electo-de-chile-dice-que-se-inspirar%C3%A1-en-pol%C3%ADticas-de-italia-y-hungr%C3%ADa
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