Ejército de Chile, siempre vencedor, jamás vencido

Ejército de Chile, siempre vencedor, jamás vencido

Al actual Ejército se le pide no sólo estar preparado para la defensa del territorio de Chile, sino también actuar en labores de seguridad pública, algo sobre lo cual no existe consenso y que va en detrimento de la mantención y desarrollo de las capacidades que su fin último requiere.

Este 19 de septiembre de 2026 nuestro Ejército de Chile celebra 216 años, más si se considera que tiene su origen en el ejército del Reino de Chile que fue creado en 1603. Esta institución más que bicentenaria es uno de los pilares fundamentales de la república junto a las otras instituciones de la Defensa Nacional y las policías, algo que la opinión pública reconoce permanentemente en encuestas como Plaza Pública de Cadem.

La disuasión de Chile descansa en las capacidades de sus Fuerzas Armadas,tanto individualmente como en la capacidad de operar en forma conjunta. En esa realidad, el Ejército no sólo debe ser capaz de interoperar junto a las otras instituciones, sino hacerse cargo de la defensa terrestre del territorio, algo que implica tener que operar desde sur a norte, de mar a cordillera, y en el caso de que sea requerido, y existan los medios logísticos necesarios, estar en condiciones de proyectar sus capacidades más allá de lo que es el territorio Chile y donde el interés nacional lo requiera.

Nuestro Ejército de Chile siempre vencedor, jamás vencido, uno que se sostiene en los ejemplos de sus primeros generales en jefe, Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera, en los soldados que murieron por Chile en todas las guerras que tuvieron que combatir, y muy particularmente, en los héroes de la gloriosa 4ta compañía del Chacabuco que fueron al sacrificio en La Concepción, busca siempre estar preparado para responder cuándo y dónde se le pida, debiendo nosotros, los chilenos a través del gobierno del Presidente José Antonio Kast, buscar asegurar que dispongan de los medios humanos y materiales para poder cumplir con su mandato constitucional, y por sobre todo, seguir siendo vencedor y jamás vencido. El Ejército dirá qué necesita y será responsabilidad del gobierno proveer lo solicitado.

Los desafíos del Ejército de Chile del 2026 no son muy distintos a los que han experimentado en años recientes, sólo que con el paso del tiempo se han hecho más claros y reales. Al actual Ejército se le pide no sólo estar preparado para la defensa del territorio de Chile, sino también actuar en labores de seguridad pública, algo sobre lo cual no existe consenso y que va en detrimento de la mantención y desarrollo de las capacidades que su fin último requiere. La línea roja a nuestro entender es su participación en operativos en zonas urbanas, en conjunto o apoyando a las policías. Una cosa es un estado de emergencia en la Macrozona Sur, cosa que ya es discutible y que se ha extendido más allá de lo razonable, y otra cosa también es apoyar las labores de resguardo y control de fronteras con el Perú y Bolivia.

El Ejército de Chile se prepara para la guerra, para ser letal, eficaz y victorioso. No se prepara para realizar labores policiales, ni de control de orden público. Su uso para permanentes estados de excepción constitucional o para constituir brigadas forestales en verano ya es algo que raya en el límite, distrae de lo principal. El mundo político, sea de izquierda o de derecha, hace uso más allá de lo apropiado de su condición de disciplinados y no deliberantes, olvidando que al final del día, es responsabilidad del Presidente de la República y de su ministro de Defensa Nacional asegurar que la capacidad de disuasión de Chile se mantenga en un alto nivel, que se tenga el equipamiento requerido, y las dotaciones necesarias tanto en oficiales, suboficiales, clases y soldados. Sin un adecuado presupuesto operativo y de financiamiento de capacidades estratégicas no esperemos que el Ejército esté en todas y siendo capaces de meter goles todo el tiempo.

Las capacidades estratégicas actuales son adecuadas, pero a la vez se deben actualizar si aplicamos las lecciones de las guerras modernas, y más aún si pensamos a plazos de 10 o 20 años. Defensa activa y pasiva de los MBT Leopard 2, modernización o reemplazo de los Leopard 1, capacidades de defensa contra misiles y drones, de artillería de precisión a larga distancia, mando y control, logísticas, de ciberataque y defensa son algunas de las que se me ocurren. La guerra moderna se caracteriza por ser más compleja y completa. Los drones no reemplazan a las brigadas acorazadas, actúan en conjunto o en contra, pero no solos. Si queremos un Ejército de Chile efectivo y eficiente, siempre vencedor y jamás vencido, vayamos pensando en todo lo anterior y en cómo lo financiamos.

Todo el esfuerzo anterior y la capacidad de disuasión puede no ser del todo efectivo si no tomamos pronta acción y demostramos caridad y clemencia con los viejos presos militares que están en Punta Peuco y Colina 1 como también otros penales. Algo que también aplica a los soldados que tuvieron que defender la patria en el 2019. El Ejército de ahora y del futuro observa el trato que se le dio a quienes les antecedieron. Toman nota y recuerdan. No actuar es colocar la efectividad en riesgo. No enviarlos a la casa a pasar sus últimos años es claramente sólo venganza. Espero que nuestro cristiano Presidente y su Ministro de Justicia indulten prontamente a los que corresponda. Robledo y otros esperan.

«Por los soldados del Ejército siempre vencedor, jamás vencido, que fieles a su juramento dieron su vida por Chile».


Más publicaciones