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Las recientes declaraciones realizadas por el ministro de Defensa relativas a la soberanía que de hecho ejerce el Reino Unido en las islas Malvinas – Falklands abrieron un nuevo frente comunicacional en la relación con Argentina. Puede que el ministro tenga toda la razón cuando defiende el interés de la gente de Magallanes de comerciar con las islas, pero resulta que un mes antes firmamos un comunicado producto de la visita del presidente Milei a Chile en donde ellos nos agradecen de antemano los esfuerzos que haremos para evitar la consolidación de actividades de explotación de hidrocarburos y pesca en la zona disputada con los británicos.
Es cierto que no tiene carácter de tratado y que sólo acordamos que haremos nuestro mejor esfuerzo para evitar que Punta Arenas sea usado para apoyar logísticamente a los isleños y los esfuerzos económicos que ocurran en los espacios marítimos circundantes. Claro está que la gente de Magallanes no fue consultada, pero el entendimiento de la Cancillería chilena es que sólo se acordó realizar los mejores esfuerzos y nada más, algo que el canciller Argentino entiende que es obligatorio, quedando la duda si es que se quedó con la idea de la versión original, y no la que finalmente se acordó y firmó en Santiago.
Desde que se firmó el comunicado por la visita de Milei se sabía que el tema del abastecimiento desde Punta Arenas iba a ser un tema y lo está siendo, y de ocurrir, se puede colocar aún peor, no estando claro que haríamos si es que llegan a detener a una nave con bandera chilena en aguas territoriales argentinas cuando navegue de regreso haciendo uso del libre tránsito del chileno Estrecho de Magallanes.
Con Argentina necesitamos una estrategia y necesitamos andar tres pasos adelante, pero coordinadamente. Lo que ellos entienden que firman no es igual a lo que nosotros entendemos. Quino firmó un tratado y Perez Mackenna un acuerdo sin obligaciones contractuales.
El tema parte mal desde que dejamos que nos arrastren a un problema que no es nuestro. La disputa es entre el Reino Unido, los argentinos y los isleños. Cada uno de ellos con sus propios intereses y realidades, a los que se suman los intereses magallánicos, chilenos que sienten no bien atendidos por la capital. Ellos claramente van a salir ganando, porque si es que de Santiago paran al buque, el precio a cobrar va a ser caro. La entrevista en La Segunda a Radonic es clara.
Nada impide tener buenas relaciones con Argentina, especialmente en lo económico. Necesitan a Chile más de lo que nosotros los necesitamos. Si no sacan el cobre por nuestros puertos la explotación es antieconómica. Si no nos venden el gas a nosotros, ¿a quién se lo van a vender? Seguir dando nuestro apoyo a su reclamación a cambio de nada es un sinsentido. Por de pronto invirtamos en nuestras capacidades de disuasión y preparemos para una relación en que se puede revivir el pasado.
RICHARD KOUYOUMDJIAN
Vicepresidente ejecutivo AthenaLab