This article is not yet available in English. The original Spanish version is shown instead.
Si yo fuera el presidente de la Argentina me iría por una estrategia segura, quizás con menos épica, la de comprar las islas por unos US$ 15.000.000.000, eso es unos US$4 millones para cada uno de los habitantes de las islas.
Revisada la estrategia argentina para recuperar las islas Malvinas queda claro que es inefectiva y que tiene una baja probabilidad de logro. Claramente tiene más bien cara de ser un esfuerzo para mantener el tema comunicacionalmente vigente para una campaña presidencial que necesita de la ayuda que las Malvinas pueden entregar para su victoria. No es un tema que el gobierno quiera regalar a la oposición peronista. Por de pronto el único éxito es enredar a los chilenos.
Una estrategia que sólo se sustenta en acciones comunicacionales, legales y económicas tiene una baja probabilidad de ser efectiva. Cosa de mirar la efectividad de las sanciones económicas occidentales sobre Rusia e Irán, que los por los hechos y las evidencias han demostrado ser más que inefectivas e inútiles. Para hacerlo se requiere de una capacidad militar significativa para ya sea tomarse las islas por la fuerza, o bien imponer un bloqueo marítimo y aéreo de tal magnitud que la vida en las islas se vea imposible a tal punto que los isleños estén dispuestos a ceder en su derecho a la autodeterminación, y el Reino Unido no esté dispuesto a defenderlas o retomarlas como lo fue en 1982. Argentina no tiene la capacidad militar requerida ni la tendrá por varios años más. El Reino Unido está muy firme en su defensa de las islas Falklands, de las Georgia y Sandwich del Sur. Para un Primer Ministro no defenderlas es destitución segura.
Por de pronto, la estrategia del gobierno de Milei considera tres ejes a entender:
Primero, aumentar la presión económica sobre todos aquellos que comercien o se relacionen con las islas, sean para su abastecimiento normal o el relativo a los proyectos de explotación de hidrocarburos o de recursos pesqueros. Las sanciones por imponer aplicarían también al comercio e inversiones en la Argentina continental. Los Estados Unidos de América ya notificaron a la Argentina que esto no puede afectar a empresas norteamericanas. Los argentinos contaban con el total apoyo de los americanos para sus acciones, pero que en las últimas semanas se ha diluido, ya que, junto a lo anterior, también el gobierno de Trump indicó que el comité de descolonización de la ONU no debería existir. Esa es la instancia en donde Argentina busca el soporte a su reclamación por las Falklands, Georgias y Sandwich del Sur.
Segundo, mantener decretos como el 256 del 2010 que busca hacer difícil la navegación hacia y desde las islas. Este decreto en su artículo 1 indica: “Todo buque o artefacto naval que se proponga transitar entre puertos ubicados en el territorio continental argentino y puertos ubicados en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, o atravesar aguas jurisdiccionales argentinas en dirección a estos últimos, y/o cargar mercaderías a ser transportadas en forma directa o indirecta entre esos puertos, deberá solicitar una autorización previa expedida por la autoridad nacional competente”. Este es el decreto en que se basan para eventuales sanciones a buques con la MV Danstar en el caso de que recale a Puerto Stanley – Argentino.
Tercero, hacer muy visible que se está iniciando un esfuerzo importante para reforzar las capacidades estratégicas militares argentinas como son la compra de F-16 (usados que no tienen la capacidad de enfrentar los Typhoon británicos basados en Mount Pleasant), la mejora de las instalaciones navales en Tierra del Fuego (instalaciones que por ahora no tienen buques de combate relevantes para atender), y la eventual compra de 3 submarinos y 2 fragatas (conforme se apruebe el presupuesto para el 2027 y se autorice a la Armada a endeudarse por US$3.500 millones). Todo este esfuerzo va a tomar años en materializarse y, así y todo, no puede asegurar la capacidad militar suficiente para retomar las islas en forma exitosa ya sea a través de una nueva invasión o la capacidad real y efectiva para imponer un bloqueo aéreo y naval que obligue a los británicos e isleños a una transferencia de soberanía.
Si yo fuera el presidente de la Argentina me iría por una estrategia segura, quizás con menos épica, la de comprar las islas por unos US$ 15.000.000.000, eso es unos US$4 millones para cada uno de los habitantes de las islas. Estoy seguro de que a un buen precio todos venden y problema terminado. Los hidrocarburos y recursos pesqueros disponibles valen, pero nunca tanto. Eso lo saben los isleños. Incluso después de compradas las islas y archipiélagos que vienen junto con ellas, se les podrían vender el derecho a los Estados Unidos de América o los chinos de poder operar desde Mount Pleasant, algo que les permitiría financiar la compra. La clave está al final del día en hacer que los habitantes de las Falklands – Malvinas estén dispuestos a cambiar su decisión de autonomía del 2013, lo que con plata de seguro se puede lograr. Sin autonomía no hay razón para el Reino Unido de mantener la protección aérea, naval y militar. Eso es lo que Milei debe entender. Hay que pensar como el estratega chino Sun Tzu. Vencer sin ir a la batalla. Comprar y no pelear.
RICHARD KOUYOUMDJIAN
Vicepresidente ejecutivo AthenaLab