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La dependencia tecnológica dejó de ser únicamente un asunto económico o de innovación. En un escenario marcado por la inteligencia artificial y la competencia entre potencias, también se ha convertido en un desafío para la seguridad nacional y la autonomía estratégica.
Estos temas fueron abordados en el panel “Chile ante el nuevo orden tecnológico: capacidades estratégicas y decisiones que no pueden esperar”, realizado en AthenaLab, con las exposiciones de Kenneth Pugh, Distinguished Fellow de AthenaLab; Alejandro Amigo, investigador senior de AthenaLab; y Darío García de Viedma, Fellow del Real Instituto Elcano en tecnología y política digital. La conversación fue moderada por Rafael Rincón, líder de Objetivos de Desarrollo Digital de Fundación País Digital.

Uno de los puntos centrales fue que la soberanía digital no significa aspirar a una autonomía tecnológica absoluta. Para Chile, el desafío está en conocer y gestionar sus dependencias: identificar tecnologías y proveedores críticos, evaluar alternativas y anticipar los costos de reemplazarlos frente a una crisis o cambio geopolítico.
El cómputo avanzado necesario para desarrollar y operar modelos de inteligencia artificial fue identificado como una de las principales vulnerabilidades. La fabricación de chips avanzados está altamente concentrada en Taiwán, mientras su diseño depende de un reducido número de empresas estadounidenses.

Chile cuenta también con activos relevantes, como infraestructura de fibra óptica, el futuro cable Humboldt, capacidades espaciales y condiciones favorables para atraer centros de datos. A ello se suma la oportunidad de generar alianzas que faciliten transferencia tecnológica y acceso a nuevas capacidades.
En el marco de su visita, Darío García de Viedma sostuvo además una reunión de trabajo con AthenaLab para abordar temas de interés común en inteligencia artificial y explorar posibles espacios de colaboración en estudios sobre infraestructura crítica en América Latina.

De cara a 2040, el desafío no pasa por eliminar la dependencia tecnológica, sino por gestionarla. Saber de quién dependemos, en qué áreas y qué alternativas tenemos será clave para ampliar los márgenes de autonomía de Chile.