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COLUMNA | ¿Para qué existe y sirve la Defensa Nacional?

Tenemos actualmente una significativa desconexión entre lo que entendemos y esperamos de la defensa e instituciones que la conforman, el presupuesto asignado y las inversiones que realizamos en ella.  

8 de Abril de 2026 El Líbero Richard Kouyoumdjian
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COLUMNA | ¿Para qué existe y sirve la Defensa Nacional?

Si no entendemos o no estamos de acuerdo con el propósito de la Defensa Nacional y de las instituciones que la conforman, toda discusión relativa a temas presupuestarios o de inversión en capacidades estratégicas es una discusión estéril que no conduce a nada. Los problemas fundamentales de la Defensa de Chile no pasan por un ajuste del 3%, son mucho más profundos. Tenemos actualmente una significativa desconexión entre lo que entendemos y esperamos de la defensa e instituciones que la conforman, el presupuesto asignado y las inversiones que realizamos en ella.

Partamos por lo más básico, ¿para qué existen la Defensa Nacional y las Fuerzas Armadas? Según el artículo 101 de la Constitución existen para la defensa de la patria y son esenciales para la seguridad nacional, algo que también se indica en el artículo 1 de la respectiva ley orgánica constitucional.

Nadie duda que son esenciales para la seguridad nacional, como también lo son el Ministerio de Seguridad Publica y las policías, el Ministerio de Relaciones Exteriores, o los servicios de inteligencia y contrainteligencia que deberíamos tener y que esperamos tener a futuro, aplicando lo mismo a la ausencia de una organización que administre, coordine y conduzca la seguridad nacional.

Más complejo es definir qué es la defensa de la patria, algo que me parece que la política de defensa del 2020 aún vigente define muy bien en la sección principios de la defensa de Chile y que dice en su principio N°1: “Es deber y voluntad del Estado de Chile proteger a su población y sus derechos fundamentales, defender su soberanía nacional, su integridad territorial, su independencia política y sus intereses nacionales”.

El segundo principio de la defensa es que Chile no posee propósitos agresivos contra ninguna nación ni tiene reivindicaciones territoriales en el ámbito vecinal, sino que aspira a lograr un desarrollo armónico y en paz junto a toda la comunidad internacional. Esto es lo que se llaman objetivos políticos negativos, algo que no necesariamente podemos asegurar sea la posición de nuestros vecinos.

Una conclusión de los puntos anteriores es que necesitamos Fuerzas Armadas capaces para defender el territorio, los mares de Chile, incluyendo su zona económica exclusiva (ZEE), y el espacio aéreo y espacial.

Surgen entonces las preguntas ¿defenderlas de quién o quiénes? y ¿cómo se entiende o interpreta lo de los intereses nacionales que deberán ser protegidos?, agregándose en los tiempos modernos la defensa ante ciberataques que podrían buscar degradar o inutilizar nuestras capacidades digitales e infraestructura critica.

Independiente de la buena realidad vecinal que tenemos actualmente, seamos sinceros, las Fuerzas Armadas existen en nuestro caso principalmente para defendernos de ataques de los países vecinos, ataques que se buscan disuadir por la vía de estar bien equipados y entrenados. La posibilidad de ataques de superpotencias o de potencias regionales es más bien baja o muy baja, pero no descartable en una realidad global compleja. Chile tiene activos de interés para terceros como son las islas chilenas ubicadas en el Pacífico Sur Oriental, el Estrecho de Magallanes, el Mar Austral, y el territorio Chileno Antártico, los que no se van a cuidar solos y merecen nuestra atención. Tienen interés geopolítico para las grandes potencias.

El tema del interés nacional es más complicado de definir porque normalmente es materia de opinión. Dónde coloco el interés nacional depende a quien se le pregunte y qué es lo que le preocupe. Si se les pregunta a los marinos, claramente les preocupa que el 90% de las importaciones y exportaciones circulan por vía marítima, debiendo eso ser protegido. Como es difícil hacerlo solo, adquieren valor el poder hacerlo en conjunto con otros y por esa vía concurrir con medios navales al Canal de Panamá, el Estrecho de Malaca y otros lugares en donde se pueda estresar el tráfico naviero. Ejercicios navales como Rimpac existen con ese propósito y países como los Estados Unidos esperan y asumen que estaremos disponibles para que los acompañemos en ello.

Dónde se colocan los límites y lo que se busca proteger tiene clara incidencia en la definición de medios necesarios. Es muy distinto necesitar capacidades oceánicas para concurrir a Panamá o el Estrecho de Malaca, que simplemente definir que el interés nacional no pasa de las islas chilenas en el Pacífico Suroriental o la Antártica. Es distinto tener una Escuadra con capacidades de aguas azules que los medios necesarios para patrullar y proteger la ZEE o denegar el acceso a aguas nacionales a unidades navales extranjeras, algo que se puede hacer con misiles y drones.

Tener o no tener capacidades de proyección anfibias o fuerzas de submarinos con capacidad de posicionarse en aguas extranjeras afectando estratégicamente lo que ocurre en ellas son definiciones básicas que se deben tener cuando se analiza que necesitamos tener y para que lo queremos.

La Armada, Fuerza Aérea y el Ejército que tenemos pueden proyectar sus capacidades sobre los países vecinos. Hacerlo más allá de eso implicaría desafíos logísticos que se pueden resolver conforme existan los fondos para hacerlo. Tenemos la experiencia de participar en operaciones de Naciones Unidas en forma sostenida con medios de las tres instituciones en lugares como Camboya, Timor Oriental, Irak y Haití.

El control militar de fronteras se descontinuó años atrás cuando se implementaron las medidas de confianza mutua con los países vecinos que implicó sacar las unidades militares de esos lugares, algo que se hizo en paralelo con el desminado que ayudó a que quedaran más descubiertas. Hoy en día se plantea la necesidad de que el Ejército retome ese servicio, sólo que, para resguardarlas de criminales o contrabandistas, algo que no es parte de su propósito, sino una tarea mucho más policial o similar a la que realiza Gendarmería Argentina, una institución que diseñada principalmente para ese propósito. Es distinto usar las capacidades de las Fuerzas Armadas para contingencias, actividades de desarrollo país y sostenimiento de áreas extremas, a tomar roles nuevos que salen de lo que es su función principal.

Definir qué necesitamos permite ordenar la discusión, permite determinar los medios necesarios, sus presupuestos de operación, dotaciones e inversiones necesarias para mantener capacidades estratégicas. Lo que no puede suceder es seguir sosteniendo un modelo sin los recursos necesarios para operar o lo que se necesita para que pueda seguir manteniendo su efectividad. Lo que no podemos hacer es continuar año tras año permitiendo una degradación sin tomar acción, ya que si lo hacemos prontamente nos pareceremos a lo que el gobierno de Milei encontró en las Fuerzas Armadas Argentinas que entregaron años de gobiernos peronistas. Recuperar capacidades toma años, cosa de ver lo que les está costando en la Argentina.

La política de defensa vigente asume que necesitamos Fuerzas Armadas como las que tenemos actualmente, pero con presupuestos que permitan su operación, entrenamiento y mantenimiento, y que a través de la ley de financiamiento de capacidades estratégicas mantengamos o renovemos capacidades. También considera la generación de capacidades nuevas en lo que se refiere a mando y control, ciberseguridad y vigilancia satelital. Si se actualizara hoy probablemente consideraría drones y tecnologías antidrones, y todo lo que se ha aprendido en Ucrania y en los conflictos del Medio Oriente.

De no cambiar nuestra definición de la defensa, la FACH es la que está mejor aspectada. Su tema es básicamente modernizar su flota de F16, algo en lo cual ya están embarcados, llevándola al mejor estándar posible. Son plataformas que les quedan horas de vuelo y que están bien acompañadas por los Sentry y los aviones de reabastecimiento en vuelo, los que a futuro necesitarán ser reemplazados. A los Super Tucanos les queda harta vida útil y los F5 no serán reemplazados, pero a cambio tendremos una flota de F16 con mayores capacidades y prestaciones. Para tranquilidad de mis amigos aviadores no me olvido de los helicópteros, del resto del material de vuelo que deberá ser reemplazado y lo que necesiten en materia de capacidades antiaéreas.

El Ejército, aparte de necesitar presupuesto para operar, soldados, muchos soldados para todo lo que se le pide en fronteras y en seguridad interior, y de no mediar un cambio en el modelo de Ejército, necesita una mejor logística, capacidades antiaéreas, de guerra electrónica, inversión en apoyo de fuego, y reemplazo de los Leopard 1 si se decide mantener esas capacidades en la zona Austral.

Se estima que los planes del Ejército y la FACH son realizables con el financiamiento que la ley de financiamiento de capacidades estratégicas genera, pero ese no es el caso de la Armada de Chile. La Marina está en problemas. Pasó la época en que teníamos una escuadra de 10 buques, comandos de misileras tanto en el sur como en el norte y una fuerza de submarinos con 4 unidades. Hoy nos queda una escuadra con 8 buques, uno de los cuales debe ser reemplazado en forma urgente, debiendo las otras 7 fragatas ser reemplazadas antes del 2040. Los submarinos 209 ya tienen 40 años en servicio y deben ser reemplazados. La parte 2 del reemplazo de unidades logísticas no está financiada ni autorizada. La cuenta de mantener capacidades navales, si nos vamos por material nuevo, sale no menos de US$ 7 mil millones, y eso no incluye lo marítimo, la aviación naval y la infantería de marina. Evidentemente la inversión se puede realizar en unos 20 años, pero estamos hablando de a lo menos US$ 500 millones por año, mucho más de lo que considera la actual ley. Si salen buques de segunda mano en buenas condiciones, feliz los tomamos, pero lamentablemente producto de la realidad global, no los hay.

Si no podemos o no estamos dispuestos a invertir en la renovación de capacidades navales lo que estas cuestan, mejor cambiamos el modelo, asumimos que no somos capaces de mantener el exitoso modelo de Armada de aguas azules que hemos tenido los últimos 200 años y nos vamos por patrulleros artillados del tipo OPV, asumimos que no vamos a ser capaces de operar más allá de la ZEE y que la defensa de los mares de Chile queda en manos de misiles y drones en modo de denegación de acceso.

Lo que no es aceptable es seguir evitando tomar decisiones en lo que se refiere al tipo de Fuerzas Armadas que necesitamos y aceptemos tener sólo lo que podemos financiar. Sería fantástico invertir en defensa lo que el sentido común aconseja, pero ello implicaría tener que reducir el tamaño del Estado, una decisión en que políticos de derecha o izquierda no han demostrado ser muy efectivos, al contrario, aumenta por año, pero no en Defensa Nacional, inteligencia y contrainteligencia, aspectos claves y fundamentales de la Seguridad Nacional.

Para cerrar, las prioridades de la defensa nacional no están en la cuarta estrella del JEMCO, o en la necesidad de mejorar las relaciones cívico-militares, o en los procesos y equipos del Ministerio de Defensa, los que por cierto pueden ser materia de mejoras. La prioridad está en decidir el tipo de Fuerzas Armadas que necesitamos y financiarlas adecuadamente, o bien tener las que podemos financiar, pero si lo hacemos, lo tenemos que hacer bien y no a medias. Debemos aprovechar la emergencia económica para, de una vez por todas, decidir qué vamos a hacer en defensa y ser capaces de contestar para qué existe y sirve la Defensa Nacional.

Richard Kouyoumdjian

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