Comentarios y Análisis

Actualización sobre la intervención militar de Estados Unidos en Irán | 9 de abril de 2026

10 de Abril de 2026 Marcelo Masalleras
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Actualización sobre la intervención militar de Estados Unidos en Irán | 9 de abril de 2026

DOCUMENTO N.º 4 ATHENALAB | Seguimiento de la evolución del conflicto

¿Qué ha ocurrido desde nuestro último reporte sobre el conflicto?

En los últimos veinte días, la dinámica del conflicto entre Estados Unidos e Irán no ha variado mayormente; sin embargo, los daños materiales acumulados y la presión para reabrir el estrecho de Ormuz han sido los aspectos más relevantes. A la hora de destacar las principales características y hechos, se podría destacar:

Estabilidad del régimen iraní: A pesar de las operaciones de precisión, la sucesión de Mojtaba Khamenei como líder supremo le ha permitido al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) mantener el control del aparato estatal. La resiliencia de la estructura de mando ha superado las estimaciones previas, demostrando que el sistema ha sobrevivido sin fragmentarse; aparentemente, con ajustes realizados como consecuencia de etapas anteriores del conflicto. La evolución de la situación indicaría que el régimen ha priorizado la estabilidad interna frente a la presión exterior, neutralizando focos de disidencia política.

– Estrecho de Ormuz: Irán ha mantenido una capacidad de denegación de área efectiva en el estrecho, permitiendo el tránsito eventual y discrecional de algunos buques. Desde luego, la implementación de un sistema de control de paso ha alterado los costos logísticos globales; este sistema impone peajes de entre uno y dos millones de dólares por buque para permitir el tránsito hacia el golfo de Omán. Actualmente, buques con bandera de China, Rusia e India operan bajo coordinación directa con la IRGC, mientras el tráfico de propiedad occidental, o vinculado a aliados de EE.UU., permanece restringido o sometido a riesgos de incautación o ataques.

Limitado tráfico por el estrecho de Ormuz entre el 8 y 9 de abril.

Fuente: Institute for the Study of War (https://understandingwar.org/research/middle-east/iran-update-special-report-april-9-2026/)

Potencial distanciamiento de objetivos: Israel ha consolidado las operaciones en el sur del Líbano, extendiendo sus ataques hacia Beirut con el fin de degradar la infraestructura operativa de Hezbollah. Al día de hoy, esta ofensiva ha generado un punto de conflicto que condiciona la efectividad de cualquier acuerdo con Teherán. La persistencia de ataques israelíes actúa como un elemento de inestabilidad para el cese al fuego entre EE.UU. e Irán, dado que Teherán percibe estas acciones como una continuación indirecta de las hostilidades estadounidenses, dada la relevancia de Hezbollah para el régimen.

Ataques de Hezbollah e Israel entre el 8 y 9 de abril.

Fuente: Institute for the Study of War (https://understandingwar.org/research/middle-east/iran-update-special-report-april-9-2026/

Acuerdos de Islamabad: Se estima que el evento de mayor relevancia en estos días ha sido el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para implementar un cese al fuego de 14 días (inicialmente), con la mediación de Pakistán. Si bien este anuncio generó la reducción del precio del crudo Brent, la efectividad y estabilidad del acuerdo están en duda debido a los acontecimientos de las últimas 60 horas.

Situación actual y evolución del cese al fuego

El cese al fuego iniciado el 7 de abril presenta una precaria estabilidad debido a diferencias importantes en su alcance y las garantías exigidas por las partes. En este contexto, con la información disponible hasta ahora, se puede establecer que:

Propuesta iraní: Teherán ha planteado un marco de negociación maximalista de 10 puntos. En este exige, entre otras cosas, garantías de no agresión permanentes y el reconocimiento formal de su derecho al enriquecimiento de uranio para fines civiles, así como el derecho a controlar el paso de buques por el estrecho de Ormuz de manera permanente. Un punto crítico es la demanda de compensaciones económicas por los daños sufridos en su infraestructura industrial, incluyendo plantas siderúrgicas y refinerías.

Respuesta de Washington: La administración estadounidense considera el plan como un punto de partida, pero mantiene exigencias que complican las negociaciones que se reanudarán al final de la semana. La entrega total del inventario de uranio enriquecido (450 kg aproximadamente) para su custodia internacional, o el derecho de Irán por controlar el estrecho de Ormuz, son ejemplos de ello.

Acciones en el Líbano: Teherán supedita el mantenimiento de la tregua al cese de la actividad israelí en el Líbano, lo que evidencia su relación con el grupo. Por el contrario, Israel ha sostenido que sus operaciones contra Hezbollah son una cuestión de seguridad nacional, independiente del compromiso asumido por Washington. Esta falta de sincronización entre los aliados aparece como el riesgo más inmediato para la reanudación del enfrentamiento mayor.

Objetivos de Estados Unidos-Israel: La diferencia entre lo anunciado la noche del 7 de abril pasado sobre el cese de operaciones y las acciones de Israel en el sur del Líbano muestran, al menos, falta de coordinación o de consulta. Mientras Washington busca una salida diplomática a la brevedad para estabilizar mercados globales y mayores daños políticos en un año electoral, Israel pareciera priorizar la eliminación de la amenaza de misiles y proxies en sus fronteras. Si bien cada Estado persigue y protege sus intereses, se esperaría que ambos países actuaran de manera más integrada. 

Presión global: La capacidad iraní para regular el flujo energético global ha demostrado ser un instrumento de negociación más efectivo que su defensa antiaérea. El control del flujo de crudo (20% del suministro mundial) otorga a Teherán una capacidad de daño asimétrico que impacta directamente en la estabilidad de las economías occidentales y en el costo de vida global.

Beligerantes y objetivos

La estabilidad del cese al fuego y las reales posibilidades de éxito de que este se transforme en algo más permanente, siguen dependiendo del cumplimiento de los objetivos y la percepción que exista en ambos países sobre las posibilidades de ganar. Por un lado, pareciera que Estados Unidos logró degradar, pero no eliminar, la totalidad de las capacidades balísticas iraníes. No obstante, la posibilidad de que ceda en su ambición de continuar con su programa nuclear pareciera que está más lejos que hace un mes atrás. Esto, no solo por las características de las nuevas autoridades a cargo en Teherán, sino porque lo ocurrido en las últimas semanas y en junio 2025 refuerza la idea interna de que un Estado iraní con capacidades nucleares podría ser respetado de otra forma por sus enemigos y adversarios.

Por otro lado, a pesar de que se eliminó a gran parte del liderazgo político y militar iraní —además de perder la mayor parte de su Armada—, así como vio degradarse su capacidad industrial militar a niveles históricos, enfrentando la amenaza de destrucción de lo que queda de instalaciones productivas y de energía, el régimen asume un triunfo en esta etapa con el solo hecho de sobrevivir a la campaña militar estadounidense. Es cierto que el extenso daño generará graves problemas internos; sin embargo, para el régimen, superar este período y seguir al frente del gobierno es una victoria. Aunque sus fuerzas militares han sido devastadas, han conseguido mantener los recursos necesarios para bloquear el paso por el estrecho de Ormuz y utilizar esto como una herramienta de negociación que se vuelve cada vez más fuerte.

En este escenario, Estados Unidos ha dado al menos tres ultimátums para que se reanude el tráfico marítimo, pero no ha tenido éxito completamente. Incluso ahora, en medio del cese al fuego y la anunciada reapertura, Irán sigue decidiendo quién cruza; al parecer, Irán no contempla hacer grandes concesiones, a pesar de las amenazas de destrucción. En cierta forma, se observa una situación en la que no se evalúa quién gana más con la paz, sino que quién pierde más con la continuación de la guerra. Por lo tanto, resulta difícil alcanzar acuerdos estables y permanentes, y lo que se podría esperar es que las operaciones se sigan prolongando.

Por último, dos consideraciones. Primero, todo indica que los principales involucrados afirmarán que han ganado o derrotado a su enemigo; no obstante, ninguno habrá cumplido con sus objetivos iniciales. Segundo, sea cual sea el desenlace de esta etapa del conflicto en Medio Oriente, es poco probable que se solucionen los problemas de fondo. En consecuencia, es bastante posible que vuelvan a surgir hostilidades en el futuro.

Consideraciones finales

– Si bien la noticia de un cese al fuego ha sido recibida positivamente en todo el mundo, la fragilidad del acuerdo y las condiciones que por ahora lo sostienen sugieren que se debe observar con extrema cautela y ponderar las expectativas.

– La capacidad iraní para regular parte importante del flujo energético global ha demostrado ser un instrumento de negociación más efectivo que su defensa antiaérea. El control de la ruta por la que atraviesa un quinto del suministro petrolero mundial le ha otorgado a Teherán una capacidad asimétrica que impacta directamente en la estabilidad de las economías occidentales y en el costo de vida global.

– La validación de facto de imposición unilateral de peajes o restricciones en estrechos internacionales —en este caso, por parte de Irán— sienta un precedente extremadamente delicado. Para los países dependientes del comercio marítimo (como es el caso de Chile), la normalización de estas prácticas amenaza la estabilidad de las rutas marítimas.

– Para los aliados de Estados Unidos en el Golfo, ceder el control del estrecho a Irán representa un escenario inaceptable. Si Estados Unidos llega a aceptar esta demanda —lo que se estima muy poco probable—, esto supondría reconocer a Irán como una potencia ineludible en la región y someter a países vecinos y otros usuarios del estrecho a sus términos económicos y de seguridad.

– El desarrollo de las operaciones militares durante las últimas semanas han reiterado la necesidad de definir adecuadamente los objetivos políticos ante una guerra y determinar la mejor estrategia para alcanzarlos, lo que incluye aceptar la asesoría experta (militar y de inteligencia). Asimismo, hay que reconocer que los recursos militares y la tecnología tienen tanto habilidades como limitaciones. Por ello, la estrategia y los medios para llevarla adelante deben estar en absoluta consonancia, o se corre el riesgo cierto de fracasar.

– El alto precio del petróleo sigue impactando en Chile de manera directa y sostenida. El alza en los costos de los fletes marítimos y los seguros de carga, sumado a un precio de hidrocarburos elevado, genera una presión constante sobre los costos de producción nacional. Esto impacta la competitividad de las exportaciones y, desde luego, también influye en la inflación.

– Dado lo anterior, se debe evaluar el aumento de las reservas de combustible, no solo para aminorar el efecto inmediato en el alza de su precio, sino también para asegurar el acceso a energía por mayores períodos de tiempo, lo que incrementa la autonomía estratégica del país.

– Del mismo modo, así como se han alcanzado avances significativos en la diversificación de la matriz energética nacional, se deben explorar otras fuentes de energía, incluyendo la energía nuclear.

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