La aprobación de la nueva ley que fortalece la institucionalidad municipal en seguridad pública representa un hito fundamental y largamente esperado en la evolución de la seguridad ciudadana en el país. Por décadas, las municipalidades han desempeñado un rol esencial en la prevención y el contacto con la comunidad, pero operando con frecuencia en un vacío normativo y con limitados recursos. Este proyecto viene a reconocer de manera oficial y legal esa función crucial, entendiendo que la seguridad es un ecosistema donde la acción local, coordinada con los distintos actores del sistema de seguridad -Policías, Ministerio Público, Ministerio de Seguridad, etc.- es insustituible. Además, responde pragmáticamente a los desafíos de cobertura policial, estableciendo un complemento formal, que robustece la presencia preventiva en las comunas. La ley no crea una realidad nueva; viene a ordenar, regular y profesionalizar -en gran parte- una que ya existía, otorgando un marco, las herramientas y, sobre todo, la protección al personal en seguridad que tanto requerían.
En síntesis, los principales aspectos del proyecto son:
Este conjunto de medidas constituye un avance significativo y bien orientado. Sin embargo, como toda legislación de esta envergadura, su texto presenta ciertas áreas que requerirán una atención especial durante su implementación para garantizar su eficacia, coherencia y legitimidad.
Los matices de la nueva institucionalidad: Aclaraciones y Espacios por Definir:
La ley establece no una, sino tres vías de contratación de personal de seguridad.:
Esta flexibilidad es práctica, pero particularmente el tercer modelo -el hibrido- presenta un desafío de coherencia jurídica. Fusionar un régimen laboral privado con las responsabilidades propias del derecho publico puede generar incertidumbre en materia disciplinaria y de estabilidad. La claridad de los reglamentos y protocolos serán claves para que este esquema funcione sin conflictos, sin considerar los potenciales problemas jurídicos por la desigualdad de estatutos en un mismo órgano del Estado y que la técnica legal fue construir este patrullero bajo una norma transitoria, pero sin plazo definido.
La apuesta tecnológica de la ley es uno de los aspectos más visionarios y potencialmente transformadores en el territorio. La plataforma interconectada puede revolucionar la inteligencia policial a nivel comunal. El uso de nuevas herramientas como la inteligencia facial exige un marco reglamentario de altísima precisión. Se espera que los reglamentos equilibren el enorme potencial preventivo y de investigación del uso de nuevas tecnologías con rigurosos protocolos que protejan la privacidad.
La creación de los comités de coordinación operativa es un avance prometedor. Sin embargo, su éxito dependerá de la calidad de la información y la voluntad de colaboración. Estos comités deben evitar convertirse en una instancia burocrática más -ni en un proceso de rendición de cuentas sin coordinación efectiva- y se transforme en el cerebro operativo donde se comparta inteligencia (información útil para la toma de decisiones), se planifiquen acciones conjuntas y se evalúen resultados de manera constante.
Conclusión: un marco sólido y moderno
La nueva ley de seguridad municipal es, sin duda, un logro significativo, necesario y modernizador. No solo regulariza una función existente, sino que dota a los municipios de atribuciones claras, estructuras de coordinación, y de manera destacada, herramientas tecnológicas de vanguardia para el siglo XXI. Reconoce que la seguridad contemporánea se nutre tanto de la presencia territorial como el análisis de datos y la coordinación en tiempo real.
por Pilar Giannini
Colaboradora AthenaLab