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Actualización sobre la intervención militar de Estados Unidos en Irán | 20 de marzo 2026

20 de Marzo de 2026 Alejandro Amigo & Marcelo Masalleras
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Actualización sobre la intervención militar de Estados Unidos en Irán | 20 de marzo 2026

DOCUMENTO Nº3 ATHENALAB | Seguimiento de la evolución del conflicto

¿Qué ha ocurrido desde nuestro último reporte sobre el conflicto?

Han transcurrido veinte días desde el inicio de la Operación Furia Épica. El conflicto ha superado las proyecciones de corto plazo de los reportes anteriores, consolidándose como un conflicto regional de mediana intensidad sin señales claras de próximo término. Los desarrollos más relevantes del período son los siguientes:

  • Las operaciones estadounidenses e israelíes no se han detenido y, en los últimos días, se han expandido hacia instalaciones estratégicas, incluyendo infraestructura energética, lo que se había evitado hasta ahora. 
  • El régimen ha demostrado una resiliencia superior a la anticipada. La sucesión formal tras la muerte de Khamenei se completó sin colapso institucional visible, con el IRGC reforzando su centralidad en la conducción del Estado. 
  • Irán mantiene su postura de no negociar bajo fuego y ha intensificado sus ataques con misiles y drones contra bases estadounidenses en el Golfo, la infraestructura energética de los países aliados de EE.UU. y contra objetivos israelíes, no obstante, la intensidad de los ataques ha disminuido progresivamente.
  • Paralelamente, las acciones en territorio libanés han escalado y constituido un segundo eje activo del conflicto. Israel inició operaciones terrestres limitadas en el sur del Líbano con el objetivo de desmantelar la infraestructura militar de Hezbollah al sur del río Litani. La base de apoyo chiita del movimiento muestra una creciente molestia por haber sido arrastrada a un nuevo conflicto; lo que podría introducir una fisura interna relevante en su cohesión política.
  • El Estrecho de Ormuz se ha consolidado como el área de mayor impacto sistémico del conflicto. Los precios del petróleo Brent han superado los 120 dólares por barril, con proyecciones que extienden el impacto al mediano plazo. Un fenómeno de alta relevancia es que petroleros chinos e indios continúan transitando por Ormuz, mientras el comercio occidental permanece interrumpido.
  • La dimensión diplomática permanece formalmente cerrada. Irán descartó solicitar un alto el fuego mientras los ataques continúen y estados Unidos señaló no estar interesado en negociar en este momento. China y Rusia mantienen su apoyo político a Teherán, con Moscú proveyendo inteligencia satelital a Irán.

Evaluación de los objetivos declarados

De los objetivos identificados en los documentos anteriores, solo la degradación de la capacidad militar iraní tendría avances concretos. La detención del programa nuclear de ese país no está asegurada con la campaña aérea. Del mismo modo, el cambio de régimen aparece aún más distante, con el IRGC consolidado en la conducción del Estado. La administración Trump ha ajustado sucesivamente sus declaraciones sobre plazos y alcances de la operación, por lo que la definición política del éxito por parte de EE. UU. permanece ambigua.

Por otra parte, el inicio de ataques sobre infraestructura energética iraní por parte de Israel —algo que Estados Unidos aparentemente había evitado—, podría poner en duda el real nivel de coordinación e integración de los objetivos de la guerra, más allá de lo nuclear y las capacidades de misiles balísticos de Teherán.

Escenario posible de corto plazo

Por una parte, se estima que Irán intentará prolongar el conflicto el mayor tiempo posible manteniendo la navegación interrumpida, dentro de lo que sus capacidades de ataque remanentes le permitan. Cómo se ha planteado en informes anteriores, la supervivencia del régimen seguirá siendo lo más relevante para Teherán y, dadas las condiciones actuales con operaciones centradas en ataques aéreos, poco indica que esté en un riesgo grave.

Por otro lado, Estados Unidos podría presionar para el término de las acciones lo antes posible, manifestando el cumplimiento de todos los objetivos definidos. La prolongación del conflicto solo aumentará las críticas internas pudiendo generar costos políticos relevantes en un año electoral. Sin embargo, lo anterior ya no depende exclusivamente de Washington. Por un lado, su aliado en las acciones —Israel—el cambio de régimen y la degradación estratégica de Irán pareciera tener mayor importancia. Además, depende de la voluntad de Teherán por detener los ataques, lo que significará, probablemente, exigencias importantes.

No obstante, si los ataques aéreos sumados a otras acciones al interior de Irán comienzan a impactar la estabilidad interna, podría generarse un espacio para retomar las negociaciones a nivel diplomático, aunque bajo condiciones más exigentes que las previas al conflicto. Sin embargo, esto tomaría algún tiempo.

Por último, en función de las tendencias observadas, resulta difícil que otras potencias intervengan más allá de lo observado. Rusia se beneficia por el alza en el costo del petróleo y China observa el desgaste de Estados Unidos tanto en términos estratégicos como diplomáticos.

Consideraciones finales e implicancias para Chile

  • El impacto energético a nuestro país se ha profundizado. Chile, como economía dependiente de importaciones de hidrocarburos, enfrentará un deterioro de su balanza comercial en un contexto de precios que podrían mantenerse elevados por un período prolongado, al no contar con reservas estratégicas equivalentes a las de economías más preparadas para este tipo de shocks. En el plano diplomático se han evitado alineamientos que comprometan la capacidad de acción futura, con especial atención a la relación con China.
  • La evolución del conflicto confirma que, si bien la acción militar puede modificar el balance de fuerzas militares, su capacidad para producir transformaciones políticas profundas es limitada sin condiciones internas favorables. En este sentido, la resiliencia del régimen iraní emerge como un factor estructural que condiciona las opciones estratégicas de Estados Unidos e Israel.
  • La importancia de la definición de los objetivos políticos para un conflicto se relaciona, de manera importante, a que son determinantes en el diseño de la estrategia para conseguirlos. Por esto, si durante ejecución de las operaciones un gobierno decide ampliar, modificar o reducir dichos objetivos, necesariamente obligará a ajustar o cambiar la estrategia. En el desarrollo de este conflicto, podríamos estar observando algunos desajustes en este proceso.
  • De la misma manera, el tipo, características y alcance de los objetivos determinará la estrategia y los medios que se empleará para alcanzarlos. Si la idea de presionar un cambio de régimen en Teherán crece y se convierte en un objetivo central para Estados Unidos, entonces se requerirá cambios en la estrategia y, por cierto, involucrar otros medios que aseguren el logro de dicho objetivo.
  • Asimismo, la conducta de los actores involucrados sugiere una preferencia por evitar una escalada regional mayor, lo que ha contribuido a mantener el conflicto dentro de ciertos márgenes. No obstante, la coexistencia de múltiples vectores de riesgo —proxies, errores de cálculo, presión económica— mantiene un nivel de incertidumbre elevado.
  • Desde una perspectiva más amplia, el conflicto refuerza tendencias ya observadas en el sistema internacional, tales como, el uso de la fuerza como instrumento de coerción, la dificultad de articular respuestas multilaterales efectivas frente a crisis de alta intensidad y la creciente relevancia de capacidades tecnológicas —drones, interceptores y el dominio espacial como soporte de las operaciones—, pero siempre dependiendo del contexto y los objetivos que se persigue.

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