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COLUMNA | ¿Cuánto debemos invertir en la Defensa Nacional?
El gasto en defensa se ha mantenido estable durante los últimos 15 años, pero el país a resguardar es otro, su valor es más alto, y la realidad geopolítica global bastante más compleja.
Lo razonable y sano para un país es que su gasto e inversión en defensa esté en torno al 2% del Producto Geográfico Bruto (PGB), debiendo apuntar a un 5% si las cosas están complicadas, que es a lo que deberá apuntar Europa, ahora que los Estados Unidos de América les pasó el mensaje de que, para seguir gozando de la protección de ellos, incluyendo el paraguas nuclear que les dan, los europeos tendrán que invertir más de lo que han hecho desde el término de la Guerra Fría.
A nosotros que nos gusta usar los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para fines de comparación y el estándar al cual debemos apuntar en todos los ámbitos, particularmente en lo que es el gasto militar, el que para la OCDE ya superó el 2,6% promedio en el 2024 y va subiendo rápidamente, pudiendo estar a la fecha más arriba del 3%.
Chile a la fecha gasta anualmente (a un tipo de cambio de $900) US$ 2.500 millones en el ministerio de Defensa, a eso hay que sumar unos US$ 500 millones en financiamiento de capacidades estratégicas, ello conforme se aprueben las inversiones planificadas y la caja fiscal lo permita, y US$ 2.000 millones en pensiones que pagan vía la Caja de Previsión de la Defensa Nacional (Capredena), de un presupuesto que está en el Ministerio del Trabajo y Previsión Social. Todo eso suma aproximadamente US$ 5.000 millones.
Para los cálculos generales estoy dejando adentro los presupuestos de la Dirección General del Territorio Marítimo (DGTM) de US$ 140 millones y la Dirección General de Aeronáutica Civil DGAC por US$ 375 millones, los que suman un poco más de US$ 515 millones. Estas dos reparticiones generan ingresos y dan servicios que van mucho más allá de la defensa nacional, siendo fundamentales para la protección de los intereses marítimos, y la aeronavegación de Chile.
Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), nuestro producto para el 2026 debería superar los US$ 400.000 millones. De ser así estamos hablando del 1,25% con todo incluido (gasto, inversión y pensiones), o de un 0,75% si sacamos las pensiones del cálculo, algo que puede ser materia de discusión. De igual forma, estamos muy lejos de los estándares internacionales, algo que es más fuerte aun si sacamos la DGTM y la DGAC, ya que quedamos en un 0,625%.
El gasto en defensa se ha mantenido estable durante los últimos 15 años, pero el país a resguardar es otro, su valor es más alto, y la realidad geopolítica global bastante más compleja. Seguir apostando a un bajo gasto e inversión en defensa puede no ser una buena idea, sólo que los políticos no lo saben. Si no tomamos pronta acción, de seguro lo vamos a lamentar en los años venideros ya que actualmente para todos los efectos no estamos invirtiendo, estamos viviendo del pasado, de lo que hicieron y nos entregaron Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Sebastián Piñera.
El presupuesto del Ministerio de Defensa Nacional en montos reales, si lo vemos a través del tiempo, sólo ha subido un 4% entre el 2012 y el 2026 (serie disponible en la Biblioteca del Congreso). Hubiera sido negativo si el corte lo hubiéramos hecho en el 2022 o 2023. Si se le compara con el promedio del periodo 2018 a 2020 la caída es de un 15%. Como dato adicional, durante el gobierno del Presidente Boric el presupuesto promedio era el mismo del año 2012, siempre hablando en términos reales, pero con más tareas y misiones que cumplir. Estos son los mal llamados presupuestos de continuidad.
Durante el mismo periodo del 2012 al 2026 el presupuesto nacional en términos reales subió un 76%, representando el ministerio de Defensa Nacional siempre algo en torno a un poco más del 2% del presupuesto de un fisco que gasta el 60% entre educación, salud, previsión y vivienda. Chile para todos los efectos es un Estado de bienestar o también llamado un Estado social de derechos que invierte poco en su defensa nacional, recibiendo bastante más las policías (aumentos de un 23% para Carabineros y 57% para la PDI) sin que se haya notado una mejora en la seguridad pública para ese mismo periodo, sino más bien una notoria disminución.
Si tomamos el porcentaje universalmente aceptado del 2% nos faltan US$3.000 millones anualmente, y si usamos el promedio de la OCDE proyectado para el 2026, son US$7.000 millones. En el caso de los US$3.000 millones deberíamos destinar US$500 millones para el presupuesto del ministerio de Defensa Nacional, US$2.500 millones para inversión en capacidades estratégicas, cambiando esos montos a US$ 2.000 millones al ministerio, y US$5.000 millones a inversión en medios si usamos el 3% de la OCDE.
Obviamente existen otras formas de confeccionar los presupuestos de la defensa nacional, pero para ello deberíamos tener una estrategia de defensa y no sólo la política actualmente vigente desde el 2020. Una política establece el qué y el por qué, agregando la estrategia el cómo. Ese ejercicio nos daría los medios humanos y materiales necesarios para cumplir con los objetivos y su forma de uso.
Uno se preguntaría cómo es que somos capaces entonces de manejarnos con un presupuesto que sólo es el 0,625% del PGB, lo somos porque pagamos sueldos bajos, porque nuestro ejército profesional es pequeño, basado en buena parte de soldados conscriptos que reciben entre $230.000 y $415.000, ello dependiendo de la zona en que estén destinados.
Somos capaces porque estamos volando poco, entrenando poco y navegando poco. Somos aún capaces porque el material militar, naval y aéreo recibido en la primera década de este milenio aún aguanta, pero no pasa más allá del 2040, con bajas importantes que comenzarán a suceder pronto.
Somos capaces porque mantenemos en vuelo los F-5 Tigres III de la FACH que tienen 50 años, los submarinos U-209 de la Armada tienen más de 40 años, y los Leopard 1 del Ejército que superaron el medio siglo desde que fueron entregados el Ejército Holandés, y 25 años con nuestro ejército.
Evidentemente si hubiera material usado en buenas condiciones en los mercados internacionales lo tomaríamos. El tema es que no lo hay o hay muy poco y no está bueno. La realidad geopolítica global liquidó el mercado de segunda mano, al punto de que han querido comprar material chileno de estar disponible.
De ir por opciones nuevas las cifras son importantes y no es algo que podamos manejar sólo con la ley de financiamiento de capacidades estratégicas la que, como se indicó anteriormente, sólo entrega un poco menos de US$ 500 millones al año, y eso conforme los fondos estén disponibles. Por esta vía en los próximos 14 años recibiremos US$7.000 millones, lo que claramente es insuficiente y no cubre las necesidades de equipamiento estratégico de Chile.
Las necesidades navales superan los US$10.0000 millones si buscamos en el futuro renovar la escuadra y fuerza de submarinos en un formato similar al que conocemos por medios nuevos, pudiendo ser un poco menos si vamos por una combinación distinta, y llega tranquilamente a los US$12.0000 millones si agregamos los medios marítimos, aeronavales, logísticos y de la Infantería de Marina. Dejaré a los especialistas en temas aéreos y militares los cálculos de lo que necesita la FACH y el Ejército de Chile, pero podemos asumir que también requieren de importantes aportes para mantener sus capacidades estratégicas, algo que perfectamente podríamos hacer si es que usáramos el estándar internacional del 2% o el de los países de la OCDE del 3%.
Si el aporte basal al fondo de financiamiento de capacidades estratégicas fuera de US$ 1.500 millones anuales podríamos tener una defensa nacional con capacidades razonables, eso sí, no hay espacios para recortes del 3%, sino más bien la necesidad de suplementar en US$ 500 millones anuales el presupuesto del ministerio del ramo. Con todo eso recién estaríamos en un gasto en defensa del 1,625% del PGB.
Hora de tratar el tema de la defensa en forma profesional y bajo estándares internacionales.
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Vicepresidente AthenaLab
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