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COLUMNA | La preocupante situación de la Defensa Nacional

4 de Febrero de 2026 El Líbero Richard Kouyoumdjian
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COLUMNA | La preocupante situación de la Defensa Nacional

La semana pasada hablamos sobre las Relaciones Exteriores. Esta semana lo haremos sobre la Defensa Nacional, la función principal del Estado moderno, una que los ciudadanos delegan en sus gobiernos, que es fundamental para la seguridad y el interés nacional, el bienestar y la prosperidad de los chilenos, y la supervivencia, soberanía e independencia de Chile.

El 11 de marzo asume un nuevo gobierno, el que hereda una situación de la Defensa Nacional un tanto preocupante, caracterizada por los llamados presupuestos de continuidad que sólo permiten lo mínimo en lo operativo, en el entrenamiento, en las horas de navegación y de vuelo, y en la mantención de capacidades estratégicas, las que por cierto no vienen dadas sólo por la inversión que se hace vía la ley de financiamiento de capacidades estratégicas, sino por la capacidad de usar efectivamente los distintos sistemas de armas y medios de los que dispone la Defensa Nacional para lo principal que la ocupa, la defensa del territorio, los mares, el espacio aéreo y espacial, y el interés nacional de Chile donde sea que esté ubicado.

El 2026 arranca ya con una noticia que genera inquietud, la necesidad de nuevamente tener que ajustar el presupuesto en aproximadamente US$800 millones. Fallaron los ingresos y hubo mayor gasto del fisco del estimado para el 2025, lo que obliga al igual que el inicio del año anterior, a ajustarse el cinturón. Por ahora se indica que no se afectarán sueldos (subtítulo 21), pero algo habrá que ajustar. El problema es que las Fuerzas Armadas aún están afectadas por el ajuste del 2025, que hizo más crítica la situación que traían con los muy ajustados presupuestos de años anteriores.

La situación financiera de las Fuerzas Armadas ha sido uno de los motivos de retiros de oficiales, suboficiales, clases, gente de mar y aviadores. Saben que sus sueldos no son buenos, que para cobrar la pensión deben estar a lo menos 20 años en servicio, pero otra cosa es servir en instituciones en que no hay plata para nada, en donde cuesta desempeñarse como militar y profesional. La verdad es que toda vocación tiene su límite.

Tal es la situación financiera de las Fuerzas Armadas, que se han reducido las posiciones de agregados de defensa, militares, navales y aéreos, como los que se destinan a cursar estudios de postgrado en academias de países vecinos, Norteamérica, el Reino Unido y de oros países europeos. Esto puede ser pan para hoy, pero afecta la seguridad nacional de cara al mediano y largo plazo. Cuando se recortan este tipo de posiciones, los países aplican reciprocidad. El destinar agregados y alumnos al extranjero permite construir relaciones de confianza a nivel de personas, que después son muy útiles cuando están en grados más altos, útiles tanto a la Defensa Nacional, como para las relaciones exteriores, y, por cierto, para el interés y seguridad nacional.

Las Fuerzas Armadas también están cortas de soldados e infantes de marina, los que son necesarios para sostener los esfuerzos actuales en la Macrozona Sur, y las fronteras del Norte y Noreste. Esto es algo conocido por el mundo político, pero algo sobre lo que no se ha tomado acción ya que implica principalmente un financiamiento que no ha estado disponible. Los soldados de tropa profesional están en torno a los mil, y los conscriptos no son más de 10 mil entre los dos contingentes. Eso limita mucho lo que se puede hacer y obliga a tener que usar militares con altas calificaciones técnicas en labores de carácter policial, lo que es desmotivante, a la vez que implica descuidar el entrenamiento en lo principal, la operación de los sistemas de armas, tanques, artillería y otras capacidades de las que dispone el Ejército de Chile.

Por otro lado, la Infantería de Marina de la Armada de Chile, producto de que los despliegues a la Macrozona Sur dejaron de ser excepcionales, ha estado perdiendo infantes en forma significativa, los que dejan la institución por mejores opciones laborales en el sector privado. El estar constantemente siendo destinados a la Macrozona Sur implica menores rentas para el grupo familiar debido a la mínima compensación que reciben cuando son enviados a esa zona, lo que los hace buscar opciones más rentables en el mundo maderero o que les permitan estar más tiempo en donde viven con sus familias.

Durante mucho tiempo se buscó incrementarles los sueldos, especialmente en los grados más bajos y en particular de los infantes, objeto hacer más sostenibles esfuerzos prolongados como los que enfrentan, pero esto aún está pendiente de autorización de Defensa y de Hacienda. Si queremos tener fuerzas desplegadas en forma permanente en el sur tenemos que estar dispuestos a asumir el costo que ello implica.

No se puede continuar con los despliegues tanto en las fronteras como en las provincias de Arauco, Biobío, Cautín y Malleco sin hacerse cargo de las condiciones en que laboran nuestros militares, los que, dicho sea de paso, ganan menos que sus equivalentes policiales o de gendarmería. Es hora quizás de resolver una vez por todas la situación de la Macrozona Sur, pudiendo eso liberar las capacidades humanas que se necesitan en las fronteras para darle forma a los planes del Presidente electo, acciones que sólo con tecnología, pero sin soldados, no serán de mucha efectividad. Hora de que los políticos y los que trabajan en Defensa lo entiendan.

También debe ser de atención de las nuevas autoridades de la Defensa Nacional el que se asignen los fondos comprometidos en el Presupuesto del 2026 a las cuentas que se usan para el financiamiento de capacidades estratégicas, como también del fondo para contingencias que considera la ley de financiamientos de capacidades estratégicas. Chile aún tiene material en buenas condiciones, pero la cuestión es mantener esas capacidades a futuro. El Ejército de Chile debe invertir para que sus tanques, artillería, helicópteros, aeronaves de transporte, capacidades de mando y control entre otros, más en toda la logística correspondiente, objeto no pierdan su vigencia y se modernicen de acuerdo con los avances que se dan en tecnología militar.

Por otro lado, la Fuerza Aérea necesita invertir en su flota de F-16, los que están bien mantenidos y en buenas condiciones, pero necesitados de las inversiones que se requieren para que puedan continuar asegurando la superioridad aérea que nos han dado hasta ahora. Lo nuevo que se está comprando en la región es de generación 4.5, siendo que lo nuestro es 4.0. No estamos hablando de tener F-22 o F-35, pero sí que nuestros F-16 sean llevados a generación 4.5.

El caso de la Armada es un poco más complejo, tenemos que resolver prontamente el cómo vamos a renovar las ocho unidades de la Escuadra, las cuatro de la Fuerza de Submarinos, y las unidades marítimas, sumándose a ello el material aeronaval y el de la Infantería de Marina. Por de pronto existe un plan para construir cuatro buques logísticos, estando financiados y en construcción los dos primeros, no así los otros.

Claramente la ley de financiamiento de capacidades estratégicas es insuficiente para hacerse cargo de la realidad que enfrenta la Armada, algo que las nuevas autoridades de Defensa van a tener que ver cómo resuelven. Somos un país marítimo que requiere de una Armada potente. Nuestros intereses nacionales van más allá de la zona económica exclusiva y para eso se requiere de una marina de guerra, la que obviamente debe incluir submarinos, ya que junto a los F-16, dan capacidades estratégicas únicas a Chile y su defensa.

Antes de terminar, algo no menor, no sacamos nada con tener material moderno operativo y entrenado si es que los niveles de amunicionamiento no son los correctos. Recomiendo a la nueva administración poner atención y revisar si estamos en el nivel adecuado. Compras hechas ahora en lo que es más complejo y sofisticado (por ejemplo, misiles) puede tomar hasta 4 años en llegar a Chile. Sospecho que en esto tenemos un tema que resolver y que si mañana tuviéramos una emergencia no estaríamos con los niveles recomendados. Es como tener una pistola sin balas o sólo unas pocas en la recamara.

En resumen, los desafíos de la Defensa Nacional están tanto en lo presupuestario, como en lo logístico, pero por, sobre todo, en su gente, en sus dotaciones, las que son insuficientes para todo lo que se les pide, y claramente no muy bien pagadas. Esto va más allá de la asistencia que se da a la seguridad pública, del resguardo de fronteras y del control de la insurgencia en la Macrozona Sur. Estamos hablando de lo primario y esencial, de la capacidad real de defensa de la soberanía, del territorio, de los mares, y espacios aéreos y espaciales de Chile, y de sus intereses nacionales donde sea que estén ubicados.

“A lo principal lo máximo, y al resto lo necesario”

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