Actualización sobre la guerra en Ucrania

Actualización sobre la guerra en Ucrania

En febrero de 2026, AthenaLab publicó su cuarto análisis anual sobre la guerra en Ucrania[1]. En ese documento se identificó un conflicto caracterizado por el estancamiento estratégico, la iniciativa sostenida de Rusia en gran parte del frente y las crecientes dificultades de Kyiv para compensar las bajas y el evidente retiro del apoyo directo de Estados Unidos. Cuatro meses después, varios de esos elementos persisten, pero otros han evolucionado de forma relevante. Así que, con el cuidado que los conflictos requieren, podríamos estar en el inicio de una nueva fase del conflicto.

El objetivo de este análisis es actualizar ese seguimiento, incorporando los desarrollos más significativos ocurridos entre febrero y junio de 2026. El presente texto aborda la situación operacional en el frente, el estado del esfuerzo bélico ruso, así como la campaña ucraniana de interdicción y el empleo de drones. Por último, el análisis se concentrará en el papel de los actores externos y las perspectivas para el conflicto.

Situación operacional y táctica, continuidad y adaptación

A mediados de 2026, la línea de contacto se mantiene, en términos generales, en un patrón similar al descrito en febrero, con la salvedad de que la dinámica táctica ha cambiado de manera perceptible. Rusia conserva la iniciativa en varios sectores del frente, pero la tasa de avance ha caído de forma sostenida y, según datos del Institute for the Study of War (ISW), podría estar acercándose a un punto de estancamiento casi total. Si durante el primer cuatrimestre de 2025 las fuerzas rusas avanzaban en torno a los 9,76 km² diarios en promedio, en el mismo período de 2026 esa cifra se redujo a aproximadamente 4,6 km² por día —incluyendo áreas de infiltración—, y a solo 2,9 km² diarios si estas se excluyen[2]. El propio ISW advierte que no resulta inconcebible que la tasa diaria de avance ruso llegue a un nivel cercano a cero en los próximos meses, dado que a fines de mayo de 2026 el avance e infiltraciones de las fuerzas rusas se habría reducido a entre tres y cinco kilómetros cuadrados por día[3].

Esta disminución se produce en un contexto en que el costo humano por cada kilómetro cuadrado conquistado ha aumentado de manera significativa. De hecho, las bajas mensuales rusas habrían superado la capacidad de reclutamiento del Kremlin desde diciembre de 2025. Bloomberg publicó, citando a funcionarios occidentales, que Rusia sufrió unas 9.000 bajas más de las que pudo reemplazar solo en enero de 2026, tras años en que la tasa de reclutamiento igualaba o superaba la tasa de pérdidas[4]. Fuentes ucranianas, como la iniciativa “Quiero Vivir”, calcularon que el Ministerio de Defensa ruso reclutó, en promedio, 940 soldados contratados diarios durante el primer trimestre de 2026, por debajo de los 1.100 a 1.150 diarios necesarios para cumplir su meta anual de 409.000 efectivos[5].

No obstante, en el Donbás, eje central del esfuerzo ruso desde hace meses, la situación sigue siendo compleja para Ucrania, aunque distinta a la de fines de 2025. Con la caída de Pokrovsk en diciembre pasado y el control ruso sobre Chasiv Yar desde julio, las ciudades de Kramatorsk y Kostiantynivka quedaron expuestas a fuegos de artillería. Sin embargo, Rusia no ha logrado explotar operacionalmente estas ganancias, pues no ha generado maniobras nuevas, siendo incapaces de producir cambios mayores desde el invierno de 2025[6]. El balance entre las ganancias territoriales obtenidas y el costo para conseguirlas refleja un modelo de empleo cuya sostenibilidad es crecientemente cuestionable.

Control territorial al 22 de junio de 2026

Fuente: UAControlMap Data Viewer

En contraposición, el desarrollo más relevante de los últimos meses es que, por primera vez desde la contraofensiva del verano de 2023, Kyiv, en determinados períodos, ha sido capaz de recuperar más territorio del que pierde. En las últimas dos semanas de febrero de 2026, las fuerzas ucranianas liberaron más territorio del que cedieron, mientras que las fuerzas rusas registraron una pérdida neta de 116 km² de territorio en abril de 2026[7]. El comandante en jefe ucraniano, general Oleksandr Syrskyi, afirmó el 15 de mayo que los ataques de precisión, la destrucción de reservas rusas y la presión constante sobre las unidades de asalto les han permitido a las fuerzas ucranianas tomar progresivamente la iniciativa táctica, sosteniendo que el número de acciones ofensivas ucranianas superó al de las rusas hacia mediados de mayo de 2026[8].

Junto a esta situación, Ucrania ha vuelto a emplear, aunque de manera limitada, equipo mecanizado en contraataques tácticos, algo que se consideraba casi imposible en 2025 dada la saturación de drones en la que se conoce como “zona de muerte” (entre 15 y 25 kilómetros del frente). A modo de ejemplo, en marzo de 2026, fuerzas ucranianas emplearon vehículos blindados en la dirección de Oleksandrivka, proyectando equipo mecanizado hasta 19 kilómetros detrás de posiciones rusas previamente observadas; hacia el 24 de mayo, contraataques mecanizados en la dirección de Borova situaban vehículos ucranianos entre dos y cinco kilómetros detrás de las líneas rusas[9].

El ISW concluye que, si bien ninguna de las dos partes puede aún ejecutar maniobra operacional, la combinación de avance ruso estancado y reintroducción limitada de maniobra mecanizada ucraniana podría marcar el inicio de una fase menos posicional del conflicto. Aun así, advierte que esta ventana es temporal, pues Rusia desarrollará contramedidas con el tiempo[10].

Este dinamismo táctico no debe sobredimensionarse, pues está lejos de alcanzar un rompimiento operacional de la línea de contacto y la situación general sigue siendo de atrición mutua. No obstante, representa un cambio relevante respecto del patrón que dominó el conflicto desde fines de 2023 y sugiere que la iniciativa rusa enfrenta hoy un desgaste más bien estructural que no existía hace doce meses. Las ventajas en el campo de batalla, normalmente,  son temporales si no se les explota y mantiene con iniciativa.

Paralelamente, se debe destacar que las Fuerzas Armadas de Ucrania han logrado mejorar la movilización no mediante un aumento masivo del reclutamiento, sino a través de mejoras en la retención de personal lograda con adaptaciones en el proceso de instrucción, lo que ha permitido estabilizar los cuadros de reemplazos en las unidades de primera línea. Según Jack Watling, investigador principal del Royal United Services Institute (RUSI), Ucrania registra hoy un flujo neto positivo de fuerza, lo que les permite a las brigadas recuperar poder de combate. De este manera, desde julio de 2025, distintas unidades han desarrollado capacidades para integrar infantería, blindados, artillería y sistemas no tripulados en paquetes de armas combinadas más efectivos, lo que ha elevado tanto la tasa de bajas rusas como la capacidad ucraniana de controlar terreno[11].

El desgaste ruso acumulado

Desde el inicio de la invasión a gran escala, el Kremlin ha insistido en una imagen de capacidad económica y militar suficiente para sostener la guerra indefinidamente. Esa narrativa ha tenido éxito incluso en ciertos sectores de la opinión pública internacional. No obstante, los datos disponibles a mediados de 2026 muestran un cuadro más complicado. Las bajas rusas acumuladas durante el conflicto superan el millón de efectivos si se incluyen muertos, heridos y desaparecidos. Solo en 2025, las estimaciones del Center for Strategic and International Studies (CSIS) situaban las pérdidas en torno a los 415.000 efectivos, a una tasa cercana a 35.000 por mes. En 2026, esa tasa no solo no ha disminuido, sino que, según se revisó anteriormente, la capacidad del sistema de reclutamiento ruso para compensarla muestra signos de tensión estructural inéditos en el conflicto. Por primera vez, las pérdidas superan de manera sostenida a los reemplazos.

El modelo basado en incentivos financieros —que incluye bonificaciones económicas y condonación de deudas— ha alcanzado límites visibles. Si bien permite atraer soldados no calificados, no cubre la demanda de especialistas técnicos como operadores de drones, ingenieros de sistemas y personal de mantenimiento. Estos perfiles son absorbidos por el sector civil o por la propia industria de defensa, que ofrece remuneraciones competitivas. El resultado es que muchas unidades de combate incorporan efectivos con períodos de instrucción muy reducidos o incompletos antes de ser desplegados en línea.

Por otra parte, la pérdida de acceso a Starlink para las fuerzas rusas, ya mencionada en el Documento de Trabajo N.º 37, se agravó con un corte sorpresivo dispuesto por SpaceX el 1 de febrero pasado, lo que exacerbó los problemas rusos de mando y control. Si bien esta condición no fue el factor habilitante principal de los contraataques ucranianos del invierno-primavera de 2026 —Ucrania ya había planificado dichas operaciones con anterioridad, iniciándolas el 29 de enero—, sí puede considerarse un catalizador que se sumó a la preparación del campo de batalla ya en marcha, además de forzar a los operadores de drones rusos a usar antenas más visibles y, por tanto, más fáciles de detectar y atacar[12]. A esto se suma la prohibición del uso de Telegram por parte del Kremlin como herramienta de coordinación táctica. Jack Watling sostiene que el mando militar ruso no parecía comprender cuánto dependían sus unidades de la aplicación para gestionar logística y personal. Además, la orden de prohibirla sin ofrecer una alternativa viable produjo efectos negativos no visualizados[13].

En el ámbito económico, la situación continúa deteriorándose más allá de lo que las autoridades parecen admitir. Para 2026, el presupuesto federal ruso destina aproximadamente un 40% de sus recursos a defensa y seguridad[14]. Las proyecciones apuntan a un crecimiento marginal del PIB y el déficit fiscal del primer cuatrimestre de 2026 fue el más alto desde el inicio de la invasión a gran escala. El Banco Central mantiene tasas de interés restrictivas, en torno al 16%, para contener una inflación que supera el 6% oficial[15]. El déficit estructural de mano de obra, agravado por la movilización y la emigración, comprime al sector privado y limita la capacidad de expansión industrial.

El sector de los hidrocarburos —base financiera del esfuerzo bélico— acusa un impacto creciente. Los ataques ucranianos han afectado aproximadamente el 25% de la capacidad de refinación de petróleo ruso[16], obligando a Rusia a redirigir capacidad de refinamiento al consumo interno y sacrificando ingresos. La campaña ucraniana contra terminales petroleras rusas ha causado, además, reducciones temporales en la capacidad de exportación portuaria en Primorsk, Novorossiysk y Ust-Luga[17].

En consecuencia, se comienzan a observar las primeras críticas públicas de sectores de la élite financiera y empresarial rusa respecto de la gestión gubernamental de la economía de guerra[18], un fenómeno que, si bien todavía es incipiente, no existía en los análisis de años anteriores. Ninguno de estos elementos implica un colapso inminente, ya que la economía rusa ha demostrado mayor resiliencia que la que se anticipaba en 2022. Pero la acumulación de estos problemas y la creciente dependencia de China como habilitador económico y tecnológico son tendencias que afectan, o terminarán afectando, la posición estratégica del Kremlin a mediano y largo plazo.

La campaña ucraniana de interdicción

Uno de los elementos más relevantes de los últimos meses —y que en parte explica la reducción en la tasa de avance ruso— es la campaña ucraniana de interdicción en la profundidad de Rusia. Kyiv ha consolidado una estrategia orientada a aislar logísticamente los medios rusos, con particular énfasis en la península de Crimea y en la infraestructura energética e industrial. Por un lado, se observa una campaña de bombardeo a objetivos de rango medio y, por otro, más ataques en la profundidad del territorio ruso.

Respecto de lo primero, Ucrania está ejecutando una campaña de interdicción a distancias de entre 50 y 150 kilómetros, con la aparente finalidad de inutilizar el enlace Trans-Tauris y la autopista Melitopol-Mariupol[19]. Desde mayo de 2026, las fuerzas ucranianas comenzaron a atacar las principales líneas terrestres de comunicación rusas en los óblast ocupados de Donetsk, Zaporiyia y Jersón; en particular, a lo largo de las autopistas T-0509 (Mariupol-Donetsk) y M-14, que junto a la M-18 conectan Rostóv del Don con Crimea a través de Mariupol, Berdiansk y Melitopol[20]. Filmaciones geolocalizadas de mayo pasado muestran a fuerzas ucranianas atacando con drones a camiones cisterna y otros vehículos militares a distancias a más de 160 kilómetros[21]. Esto ha obligado a las autoridades rusas en territorios ocupados a restringir el tránsito de camiones civiles por dichas vías[22].

Figura 2. Ataques ucranianos a red ferroviaria rusa en territorios ocupados

Fuente: Institute for the Study of War

Kyiv ha extendido también la campaña de interdicción al sistema ferroviario ruso. Videos geolocalizados de marzo y abril de 2026 muestran drones ucranianos impactando al menos diez trenes de carga y vagones cisterna, principalmente en el óblast de Luhansk, además de ataques en Donetsk y Zaporiyia[23]. Dado que Rusia depende fuertemente de su red ferroviaria para la logística operacional y considerando que la empresa estatal Ferrocarriles Rusos enfrenta desde 2025 una crisis por escasez de personal y locomotoras, esta campaña podría degradar aún más la capacidad rusa de proyectar su capacidad industrial para entregar equipos, combustible y otros materiales al frente de batalla[24].

Todo esto, teniendo en cuenta que la Flota rusa del mar Negro ha quedado prácticamente neutralizada como fuerza operacional. El uso de vehículos de superficie no tripulados (USV) de largo alcance forzó el repliegue de la flota rusa hacia puertos alejados del mar Negro[25], limitando la capacidad rusa de proyectar poder naval y de proteger sus propias instalaciones costeras.

Del mismo modo, las fuerzas ucranianas han extendido su capacidad de ataque estratégico hacia objetivos situados a grandes distancias de la frontera, alcanzando refinerías a unos 1.750 kilómetros dentro de Rusia[26]. En junio de 2025, la operación “Spiderweb” marcó un hito al destruir o dañar una cantidad significativa de aeronaves de bombardeo estratégico ruso en sus bases, reduciendo la capacidad de Moscú de lanzar ataques coordinados contra la infraestructura energética ucraniana. Este tipo de acciones tiene un efecto doble: impacto material sobre la capacidad bélica rusa e impacto político sobre la narrativa de control que el Kremlin proyecta hacia su propia población. Ucrania también ejecutó ataques de alto valor simbólico contra instalaciones en San Petersburgo, incluyendo una terminal petrolera y la base naval de Kronstadt, sede del Comando de la Flota del Báltico, en fechas que coincidieron con el Foro Económico de esa ciudad, solo horas antes de su apertura. En los ataques, las armas ucranianas lograron dañar la corbeta Boikiy, que se encontraba en dique seco en la base naval[27]. Resulta difícil que acciones como estas no dañen la imagen de estabilidad y normalidad que el gobierno ruso intenta mantener ante su audiencia interna y ante potenciales inversores externos.

Sin duda, la campaña de interdicción no resuelve el conflicto, pero hay indicativos que ha alterado de forma concreta el balance operacional. Hasta ahora, ha obligado a Rusia a destinar recursos desde el frente a la defensa de su propio territorio; está afectando su base económica, y limita progresivamente su capacidad de sostener el ritmo ofensivo actual. La ventaja temporal que estas capacidades suponen en ataques de rango intermedio es que se enfrentarán a contramedidas y, tarde o temprano, a la adaptación de las fuerzas rusas. Por lo tanto, Kyiv tiene una ventana propicia que debe seguir explotando y buscar nuevas alternativas que generen asimetrías suficientes para romper un balance que hasta ahora tendía a favorecer al invasor.

Tecnología e innovación en el desarrollo de drones

Uno de los cambios más significativos del conflicto en los últimos doce meses es la consolidación de los sistemas no tripulados como un arma determinante del campo de batalla, adquiriendo gran relevancia como factor causante de bajas. Según estimaciones de los propios responsables ucranianos en el empleo de estos sistemas, hoy en día se estima que entre el 70% y el 80% de las bajas en el frente son producidas por drones[28]. Si bien esta información debe ser analizada en perspectiva y en el contexto de este conflicto en particular, incluyendo la limitación en el acceso a otros sistemas de armas, es indispensable observar y extraer conclusiones. Por ello y entendiendo la particularidad de cada conflicto, la evolución en el diseño y empleo de sistemas no tripulados ha significado que capacidades de reconocimiento y ataque que antes requerían de medios aéreos tripulados de alto costo, hoy han podido ser desempeñados por sistemas de bajo costo relativo, aunque con limitaciones[29].

Dentro de los factores relevantes que han posibilitado el éxito de estas operaciones, se pueden destacar claras mejoras en el alcance, la precisión y, de manera especial, de escalar la producción de estos nuevos modelos. Casos como el Hornet, un sistema ala fija de bajo costo y un alcance de 150 kilómetros, desarrollado en el marco de una asociación entre Ucrania y la empresa estadounidense Swift Beat LLC., aparentemente con capacidades de inteligencia artificial y conectividad satelital vía Starlink, le permitirían operar en entornos saturados de interferencia electrónica (EW) y a distancias extendidas[30]. El costo unitario de este sistema, de aproximadamente 6.000 dólares, contrasta con drones de mayor alcance, como el FP-2, capaz de alcanzar objetivos a 320 km con cargas de hasta 200 kilogramos[31], lo que ilustra la diversificación de capacidades ucranianas según el tipo de objetivo y la distancia requerida.

Ucrania ha optado por la innovación acelerada, por la experiencia en primera línea y por una aproximación a la producción descentralizada, en la retaguardia. El país cuenta con más de 500 empresas dedicadas a la producción de drones, lo que le permite iterar diseños en cosa de semanas y no años, ajustándose rápidamente a las contramedidas rusas; especialmente, aquellas de guerra electrónica[32]. Este ecosistema contrasta con el modelo de adquisiciones e innovación en defensa tradicional, normalmente estructurado en torno a programas de adquisición de largo aliento, plurianuales y a un número reducido de grandes contratistas, pero que obedece a otros requerimientos y urgencias[33].

Junto a los vehículos no tripulados de ataque convencionales, ha cobrado especial relevancia el desarrollo ucraniano de sistemas que integran capacidades de inteligencia artificial (IA), diseñados para operar en entornos de alta afectación electrónica. A esto se suman los vehículos aéreos no tripulados (UAV, por sus siglas en inglés, unmanned aerial vehicle) guíados con fibra óptica, inmunes a la interferencia electrónica, lo que los hace particularmente efectivos en distancias cortas dentro de la “zona de muerte”[34]. Los avances también incluirían la posibilidad de organizar enjambres de drones coordinados mediante la incorporación de IA. De esta manera, en febrero de 2026, Ucrania logró concentrar entre 300 y 400 drones simultáneamente en un sector limitado, generando una superioridad de drones temporal y localizada, incrementando significativamente las posibilidades de éxito en los ataques[35].

Figura 3. Total de impactos sobre objetivos rusos reportados por fuerzas ucranianas de sistemas no tripulados

Fuente: Institute for the Study of War

En el dominio marítimo, como se adelantó, los vehículos de superficie no tripulados (USV, por sus siglas en inglés, unmanned surface vehicle) ucranianos —familias como Sea Baby y Magura— han sido decisivos para neutralizar a la flota rusa del mar Negro como fuerza operacional, obligando su repliegue hacia puertos más alejados y reduciendo su capacidad de proyección. Esta misma lógica se extiende a sistemas robóticos terrestres, empleados crecientemente para la evacuación de heridos, reabastecimiento logístico y, en menor medida, para tareas de combate directo en la zona de contacto, reduciendo la exposición de personal en el sector más letal del frente[36].

Este sistema de innovación no asegura una ventaja permanente, pues cada parte en conflicto lucha por generar asimetrías que otorguen ventajas; no obstante, su contraparte buscará anularlas mediante contramedidas, en un ciclo continuo y permanente. En consecuencia, el desafío es aprovechar cada ventana y explorar alternativas innovadoras para crear nuevas oportunidades.

Actores externos

El rol que han jugado actores externos al conflicto ha sido y seguirá siendo determinante. Por un lado, para Kyiv el apoyo financiero y militar no solo le ha permitido luchar, sino que sin él no hubiese podido sostener las operaciones; en especial, los primeros años del conflicto. Con el paso del tiempo, ciertamente, dicha dependencia se ha reducido; no obstante, esta ha resultado indispensable para acceder a recursos financieros que facilitan sostener el funcionamiento del gobierno, además de componentes irremplazables, como munición de alto calibre, misiles interceptores y componentes para su industria de defensa e inteligencia.

Contrariamente, en el caso de Rusia, al inicio de las operaciones en 2022, su poder militar parecía casi infinito. Sistemas de armas que parecían de alta sofisticación y que nunca aparecieron en batalla se sumaron a una progresiva degradación de importantes stocks, que le permitieron reemplazar las numerosas bajas sufridas. Hoy, la situación parece muy distinta y la dependencia crece. Corea del Norte, Irán y, sobre todo, China se han convertido en piezas clave para el esfuerzo de la guerra, tanto en la posibilidad de contar con pertrechos para la guerra como para dirigir las exportaciones de hidrocarburos, fundamentales para una economía cada vez más frágil.

No obstante, desde 2025 el cambio de actitud de Estados Unidos, respecto de la guerra y sus socios de la OTAN, ha generado tensión e incertidumbre. Hoy, la postura de Estados Unidos continúa marcada por una ambivalencia entre la presión por una solución negociada —que muchas veces pareciera favorecer a Moscú— y el sostenimiento, aunque con un claro menor protagonismo directo que en años anteriores. En este sentido, a la presión sobre Europa, para incrementar su gasto en defensa y de asumir mayor responsabilidad por apoyar a Ucrania, se deben sumar las operaciones en Medio Oriente desde el 28 de febrero pasado. La campaña militar contra Irán resultó más extensa de lo que se estimaba al inicio y ha demandado un esfuerzo logístico que implicó un gran consumo de municiones clave para el balance estratégico en el Indo-Pacífico, pero también para sostener la guerra en Europa.

Si en 2025 se describía a Europa fundamentalmente en una postura más bien reactiva, condicionada por la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense, la evidencia disponible hacia junio de 2026 muestra una señal de mayor consolidación del apoyo europeo, tanto en términos cuantitativos como políticos. Desde el punto de vista financiero, el Ukraine Support Tracker del Kiel Institute for the World Economy muestra que Europa ha superado a Estados Unidos como principal proveedor de asistencia bilateral a Ucrania, tanto en términos acumulados como en nuevas decisiones de apoyo[37]. El Kiel Institute destaca, en particular, el rol creciente de Alemania como principal donante europeo individual, junto con el rol sostenido del Reino Unido, los países nórdicos y bálticos; estos últimos, con aportes proporcionalmente muy elevados respecto de su PIB[38].

Figura 4. Apoyo a Ucrania 2022-2026

Fuente: Ukraine Support Tracker, Kiel Institut

Este incremento de la ayuda no ha estado exento de tensiones internas dentro de la propia arquitectura de seguridad europea. Un ejemplo de las vulnerabilidades percibidas por la OTAN ocurrió en Rumania, donde un número indeterminado de drones de origen no identificado sobrevoló instalaciones cercanas a la frontera con Ucrania, generando una respuesta de cazas aliados y reabriendo el debate sobre la efectividad de los mecanismos de disuasión de la Alianza frente a incursiones de baja intensidad y difícil atribución[39]. El episodio podría ser interpretado como un síntoma de que la OTAN aún no ha resuelto satisfactoriamente cómo responder a amenazas híbridas que no alcanzan el umbral de un ataque convencional, pero que erosionan progresivamente la confianza de los Estados que se encuentran en el flanco oriental[40].

En el plano político, la discusión sobre el camino de Ucrania hacia la integración europea ha cobrado un nuevo impulso. El excanciller ucraniano Dmytro Kuleba ha planteado públicamente que la membresía de Ucrania en la Unión Europea debería tratarse como un objetivo estratégico inmediato y no como una aspiración de largo plazo condicionada al fin de la guerra, sosteniendo que un proceso de adhesión acelerado enviaría una señal política determinante, tanto a Moscú como a la propia población ucraniana sobre el carácter irreversible de su orientación europea[41]. Asimismo, el canciller alemán Friedrich Merz ha sido identificado como uno de los principales impulsores de esta agenda dentro de la Unión, abogando por una aceleración del proceso de adhesión y por mecanismos que le permitan a Ucrania beneficiarse de ciertos instrumentos económicos europeos incluso antes de completar la adhesión formal[42].

Por su parte, China sigue ocupando un rol relevante en el conflicto que, aunque ambiguo, no ha cambiado mayormente. Para Rusia, Beijing se ha consolidado como el principal habilitador económico y tecnológico de su esfuerzo bélico, proveyendo bienes de doble uso, componentes electrónicos y mercados alternativos para sus exportaciones energéticas, compensando parcialmente el efecto de las sanciones occidentales. Para Ucrania, China representa una fuente de componentes indispensables para el desarrollo de drones, pero —pese a sus declaraciones de neutralidad— Kyiv considera que Beijing favorece a Moscú, lo que refleja una evidente frustración diplomática.

En conjunto, estos elementos sugieren que la actualización más relevante respecto del Documento de Trabajo N.º 37 no es únicamente cuantitativa —mayor volumen de ayuda europea, según documenta el Kiel Institute[43]—, sino también cualitativa, pues Europa ha pasado de una postura de acompañamiento del liderazgo estadounidense a una posición de mayor protagonismo, tanto en el financiamiento del esfuerzo bélico ucraniano como en el debate sobre el camino institucional de Ucrania hacia la Unión Europea, administrando el marco de seguridad transatlántico[44].

Consideraciones finales

  • La evolución táctica y operacional de la guerra en Ucrania atraviesa hoy un punto en el que los defensores han logrado modificar de manera importante la dinámica que predominó entre 2023 y 2025.
  • La combinación de determinación política, necesidad e innovación han llevado a Ucrania a desarrollar una industria de defensa líder en la producción y uso de vehículos no tripulados e inteligencia artificial, capacidad que le ha permitido sobrevivir, compensar asimetrías, generar ventanas de oportunidad, amenazar a Rusia en el seno del poder político e, incluso, exportar capacidades, como lo observado hacia Medio Oriente los últimos meses.
  • Ahora, si bien la adaptabilidad ucraniana genera ventajas en el campo de batalla, estos no son permanentes y deberán explotarse al máximo antes de que Rusia logre crear contramedidas efectivas. Esta dinámica ha sido una constante en la guerra.
  • La combinación de estancamiento ruso en el frente, desgaste económico y demográfico, así como la consolidación de la iniciativa ucraniana, con efectivos ataques de mediano y largo alcance, podrían estar generando condiciones para un cese al fuego, al menos, más que en los últimos cuatro años y medio.
  • Aunque no existe hoy evidencia de que Rusia esté dispuesta a negociar de buena fe, la acumulación de presiones internas podría alterar ese cálculo en el mediano plazo si las tendencias actuales se sostienen. No obstante, lo más probable es que Putin intente primero explotar cualquier señal de fatiga en el apoyo occidental antes de aceptar términos que impliquen un reconocimiento implícito de fracaso, optando por sostener el esfuerzo bélico a la espera de un cambio favorable en el contexto político occidental.
  • Europa ha asumido un rol mucho más claro y decisivo en el apoyo a Ucrania. No obstante, Estados Unidos sigue siendo irreemplazable en materias como entrega de inteligencia y la provisión de sistemas claves como misiles interceptores que son financiados por sus socios trasatlánticos.
  • Lamentablemente, ninguno de los elementos revisados permite anticipar un cese al fuego inminente y nada indica que la guerra llegará a término este año, por lo que las operaciones continuarán con el desgaste en vidas civiles y militares. La diferencia es que ahora Ucrania puede y está golpeando a Rusia en la profundidad de su territorio.
  • Lo que sí sugiere la evidencia disponible hacia junio de 2026 es que el balance estratégico se ha movido, de manera modesta pero perceptible, en una dirección más favorable para Ucrania. Si esta tendencia se consolida o se revierte, dependerá en gran medida de la capacidad de Ucrania para sostener su ventaja tecnológica actual y de la voluntad de sus socios —particularmente europeos— de mantener, e incluso incrementar, el nivel de apoyo que ha permitido este cambio.

Marcelo Masalleras
Jefe de Investigación en Seguridad y Defensa



[1] John Griffiths y Marcelo Masalleras, “Documento de Trabajo N.º 37. Cuatro años de guerra en Ucrania: nuevos escenario geopolíticos”, AthenaLab, 24 de febrero de 2026.

[2] Institute for the Study of War (ISW), “Ukraine’s Intermediate-Range Strike Campaign and New Mechanized Attacks Herald the Start of a New Phase of the War”, 25 de mayo de 2026.

[3] Institute for the Study of War.

[4] Institute for the Study of War.

[5] Institute for the Study of War.

[6] Institute for the Study of War.

[7] Institute for the Study of War.

[8] Institute for the Study of War.

[9] Institute for the Study of War.

[10] Institute for the Study of War.

[11] Michael Kofman y Jack Watling, “Ukraine’s Turning Point: Front-Line Realities in Early 2026”, The Russia Contingency with Michael Kofman, en https://open.spotify.com/episode/6YX37c4ODI4v8cM5z0j3Fr, 20 de mayo de 2026.

[12] Institute for the Study of War.

[13] Michael Kofman y Jack Watling.

[14] Michael Froman, “A Turning Point in Ukraine”, en Council on Foreign Relations, 5 de junio de 2026.

[15] Seth Stodder, “How Ukraine Has Turned the Tide”, en Foreign Policy / Atlantic Council, 5 de junio de 2026.

[16] Lawrence Freedman, “How much damage is Steve Witkoff causing? Can NATO help open the Strait of Hormuz?”, Comment is Freed, 23 de mayo de 2026.

[17] Lawrence Freedman, “Is time running out for Putin? Ukraine’s Micawber strategy”, Comment is Freed, 1 de mayo de 2026.

[18] Lawrence Freedman, “Is time running out for Putin? Ukraine’s Micawber strategy.”

[19] Mick Ryan, “The Interdiction War: How Ukraine Is Cutting Russia’s Southern Lifelines, plus Xi’s Big Week”, en Futura Doctrina, 24 de mayo de 2026.

[20] Institute for the Study of War.

[21] Institute for the Study of War.

[22] Institute for the Study of War.

[23] Institute for the Study of War.

[24] Institute for the Study of War.

[25] Michael C. Horowitz, Erin D. Dumbacher y Lauren Kahn, “How Ukraine’s Drone Innovation Reversed Russia’s Momentum”, en Council on Foreign Relations, 12 de junio de 2026.

[26]Mick Ryan.

[27] Patrick Bishop y Roger Moorhouse, con Helene von Bismarck, “407. Black Smoke Over St Petersburg: Ukraine Targets Putin’s ‘Russian Davos’”, Battleground, en https://podcasts.apple.com/in/podcast/407-black-smoke-over-st-petersburg-ukraine-targets/id1617276298?i=1000772027251&l=pa, 5 de junio de 2026.

[28] David Kirichenko, con Oz Katerji, “Drone masters – How Ukraine reinvented modern warfare”, This Is Not A Drill with Gavin Esler, en https://podcasts.apple.com/es/podcast/drone-masters-how-ukraine-reinvented-modern-warfare/id1593634121?i=1000767577877, 13 de mayo de 2026.

[29] David Kirichenko.

[30] Institute for the Study of War.

[31] Sam Skove, “The New Weapon Behind Ukraine’s Battlefield Success”, en Foreign Policy, 3 de junio de 2026.

[32] Michael C. Horowitz, Erin D. Dumbacher y Lauren Kahn, “How Ukraine’s Drone Innovation Reversed Russia’s Momentum”, en Council on Foreign Relations, 12 de junio de 2026.

[33] Michael C. Horowitz, Erin D. Dumbacher y Lauren Kahn.

[34] Sam Skove, “The New Weapon Behind Ukraine’s Battlefield Success”, en Foreign Policy, 3 de junio de 2026.

[35] Institute for the Study of War (ISW), “Ukraine’s Intermediate-Range Strike Campaign and New Mechanized Attacks Herald the Start of a New Phase of the War”, 25 de mayo de 2026.

[36] David Kirichenko.

[37] Christoph Trebesch et al., “Ukraine Support Tracker”, Kiel Institute for the World Economy, actualización de 2026.

[38] Christoph Trebesch et al.

[39] Mathew Schmidt y Phillips O’Brien, “Warcast: Why is NATO still scared of Russia’s shadow fleet – even after the threats from drones?”, Warcast, junio de 2026.

[40] Mathew Schmidt y Phillips O’Brien.

[41] Mathew Schmidt y Phillips O’Brien.

[42] Mathew Schmidt y Phillips O’Brien.

[43] Christoph Trebesch et al.

[44] Christoph Trebesch et al.


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