La importancia y los pendientes del combate de La Concepción

La importancia y los pendientes del combate de La Concepción

Es la hora de que Chile se ponga al día con los 77 de La Concepción. Lamentablemente nuestra historia está llena de ejemplos en que no hemos sido lo suficientemente agradecidos con nuestros soldados, marinos, aviadores y policías.

El 9 y 10 de julio del 2026 recordamos 144 años del sacrificio de la 4ta compañía del 6ª de Línea Chacabuco. Este, quizás el más glorioso hecho de armas del Ejército de Chile es equivalente al sacrificio de Prat y de buena parte de la dotación de la Esmeralda en el combate naval de Iquique. Tal es su importancia que el 9 de julio es cuando los nuevos integrantes de nuestro querido Ejército chileno, siempre vencedor jamás vencido, juran a la bandera, juramento que para los que no han tenido la posibilidad de hacerlo, dice:

Yo, [grado y nombre del jurante] juro,

por Dios y por esta bandera,

servir fielmente a mi patria,

ya sea en mar, en tierra o en cualquier lugar,

hasta rendir la vida si fuese necesario,

cumplir con mis deberes y obligaciones militares

conforme a las leyes y reglamentos vigentes,

obedecer con prontitud y puntualidad

las órdenes de mis superiores,

y poner todo empeño en ser

un soldado valiente, honrado y amante de mi patria.

Las palabras del famoso entonces coronel Estanislao del Canto, comandante de la división del centro del Ejército de Chile en 1882, reflejan el sentir del Ejército al que pertenecían los chacabucanos a pocos días de haber muerto en combate:

“¡Soldados del Ejército del centro! Al pasar por el pueblo de La Concepción, habéis presenciado el lúgubre cuadro de escombros humeantes, cuyo combustible eran los restos queridos de cuatro oficiales y setenta y tres individuos de tropa del Batallón Chacabuco 6ª de línea. Millares de manos salvajes fueron los autores de tamaño crimen; pero es necesario que tengáis entendido que los que defendían el puesto que se les había confiado eran chilenos que, fieles al cariño de su patria y animados por el entusiasmo de defender su bandera, ¡prefirieron sucumbir antes que rendirse! ¡Un hurra a la eterna memoria de los héroes de La Concepción!”.

En sus más de 200 años de historia, el Ejército de Chile puede demostrar sobradamente conductas guerreras heroicas y victorias militares que le hacen merecer el reconocimiento de siempre vencedor jamás vencido, pero nada supera el sacrificio del capitán Ignacio Carrera Pinto y su 4ta compañía. Nada los supera y es por eso por lo que ellos establecieron la mínima conducta que se espera en combate por parte de nuestro Ejército de Chile. Cuando se jura a la bandera se hace pensando en ellos. No se acepta nada menos después de eso.

Un ejército puede estar corto de elementos y capacidades materiales, pero cuando tiene ejemplos como este su apalancamiento es casi infinito. Enfrentar a soldados que están dispuestos a darlo todo y morir en combate hace que uno tenga que pensar dos veces si los quiere enfrentar. Ejemplos de rendiciones o de conductas poco dignas en combate las hay muchas, pero gloriosas como las de la 4ta compañía las hay pocas. Está el ejemplo de Leónidas y sus 300 espartanos en las Termopilas, está el ejemplo de Prat y la dotación de la inmortal Esmeralda, están los ejemplos de muchos guerreros individuales de muchos países de gran tradición militar, pero ejemplos de unidades militares completas que se sacrifican en combate las hay pocas. Chile tiene el gran honor de tener una de las pocas que lo dieron todo por Chile. Esto marca y potencia un Ejército, lo transforma en un arma extremadamente letal y le da capacidades mucho más allá del material que opera. En la guerra sucede a menudo que la tecnología no puede frente a la voluntad.

Chile ha sido mezquino en reconocimientos con los soldados de la Guerra del Pacífico, pocas medallas e inicialmente bajas pensiones, las que recién Ibáñez se encargó de arreglar en su primer gobierno. Muy al final los últimos sobrevivientes fueron ascendidos a oficiales generales, algo que ocurrió en los 50s.

Si fuimos mezquinos con los veteranos de esa guerra, lo fuimos más aún con los que combatieron en la campaña de la Sierra, la campaña en donde mueren los 77 de la Concepción. Para esa campaña no hubo medallas a diferencia de las dos que reconocen las victorias chilenas que nos llevaron a Lima, pero una vez allá, nada… y digo nada.

Los 77 tienen un monumento ubicado en la Alameda, pero no es uno que reciba mucha atención. Los corazones de los cuatro oficiales están custodiados en la Catedral de Santiago, pero los restos de los inmortales de la 4ta compañía están en una o más fosas comunes en cementerio de la localidad, siendo muy posible que hayan perdido la trazabilidad. Sabemos quiénes son ellos, pero no ha habido reconocimientos del Estado de Chile a ellos como individuos o sus familias. Ellos no recibieron medallas al valor en forma póstuma, o una medalla por sus acciones en el poblado de La Concepción. Tenemos una gran deuda con estos soldados, lo que es incomprensible considerando que hoy en día reconocemos actos de valor en forma regular, o peor aún, reconocemos y premiamos con pensiones de gracia e indultamos a los delincuentes que asaltaron Chile el 18 de octubre de 2019 y meses posteriores.

No sólo hace poco recomendé o sugerí que el Presidente de la República de Chile y sus ministros de estado de Defensa Nacional y de Seguridad Publica realizaran el juramento a la bandera, ahora bien, vengo en solicitar que se hagan adicionalmente tres acciones, que no son caras, pero altamente simbólicas:

  1. Otorgar la condecoración al valor y al mérito de guerra en forma póstuma a cada uno de los 77 héroes de La Concepción. Hay que modificar reglamentos, pero se puede. Se entregarían a las familias de cada uno de ellos. Junto con ello ascensos póstumos al máximo grado dentro de sus escalafones. Esto último para tener fuerza debería ser por un acto del Congreso Nacional.
  2. Mejorar las condiciones del actual monumento, y de ser necesario, moverlo a una ubicación más relevante frente a La Moneda o el Ministerio de Defensa Nacional.
  3. Ubicar y trasladar sus restos a Chile para ser enterrados en el Altar de la Patria. En el Perú nunca fueron motivo de cuidado. Se entiende por qué, pero con mayor razón lo debiéramos hacer. Tamaños héroes deberían estar cuidados y custodiados en Chile. Todos ellos y no sólo los corazones de Carrera Pinto, Pérez Canto, Montt Salamanca, y Cruz Martínez.

Es la hora de que Chile se ponga al día con los 77 de La Concepción. Lamentablemente nuestra historia está llena de ejemplos en que no hemos sido lo suficientemente agradecidos con nuestros soldados, marinos, aviadores y policías. Hora de ponernos al día. Confío en que este gobierno, que ha tenido una particular delicadeza y cariño con el mundo militar y policial, sabrá atender lo que aquí se pide, lo que junto con lo que debemos a los militares y policías de tiempos más presentes en materias de indultos y conmutaciones de pena, ayudará a que podamos decir que somos justos y cariñosos con los que algún día dieron la vida por Chile, que juraron hacerlo, o los que están prontos a hacerlo.

“En memoria de los 77 inmortales que dieron su vida por Chile en La Concepción y de los que mañana realizarán su juramento a la bandera”.


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