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COLUMNA | Chile y Argentina, ¿hacia una nueva aspiración e identidad regional?

Los invito a mirar el mapa del Cono Sur de Suramérica desde otra perspectiva, una que nos une y conecta fuertemente con la Antártica y los mares que la rodean.

7 de Enero de 2026 El Líbero Richard Kouyoumdjian
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COLUMNA | Chile y Argentina, ¿hacia una nueva aspiración e identidad regional?

Uno de los principales desafíos actuales, sino el más importante de la política exterior de Chile, es llegar a tener una muy buena y estable relación con sus vecinos, particularmente con la Argentina, país con el cual tenemos una muy larga frontera de más de 5.000 kilómetros, que a veces por lo largo que es, nos desune más de lo que nos une, pero que por razones de historia, cultura, y religión perfectamente puede tomar otro valor y significancia, uno en donde la suma sea más que el valor de las partes, uno en donde la economía pueda con la ayuda de la política, volver a tener valor como lo tuvo años atrás cuando Chile se aventuró a salir en busca de inversiones fuera del territorio.

Es normal tener desavenencias con los vecinos, más aún si quienes gobiernan los países tienen colores políticos muy distintos o las fronteras que se comparten son muy largas, aumentando con ello la probabilidad de que haya puntos de fricción. El tema entonces es cómo se manejan esas diferencias y cómo se resuelven, y de ser posible, cómo se transforman las relaciones entre países de problemáticas y ruidosas a constructivas y positivas.

En tiempos recientes sólo durante los gobiernos de Menem y Frei estuvimos más cercanos a establecer relaciones más plenas entre ambos países, un período en que las inversiones fueron relevantes, nos conectamos energéticamente y avanzamos en materias de defensa. Lamentablemente, el deterioro económico y desinversión experimentadas por la Argentina durante el gobierno de Néstor Kirchner afecto la buena forma en que se venían dando las cosas, situación que se mantuvo durante los ocho años de Cristina, y el gobierno de Alberto Fernández que siguió al de Macri, años durante los cuales además la política exterior argentina fue dominada por halcones con visiones expansivas que necesariamente iban contra el interés nacional chileno, ya que representaban visiones históricas que siempre apuntaban y buscaban hacia el sur y el oeste.

Evidentemente no vamos a poder resolver de inmediato los temas que nos separan en el Campo de Hielo Sur, o las superposiciones que se producen entre la plataforma continental chilena y la plataforma extendida argentina en la zona del Mar Austral y espacios marítimos australes, como también el hecho de que ambos países tengamos espacios soberanos superpuestos en la Antártida. Estos temas se deben tratar en forma profesional y de acuerdo con el derecho internacional. Ya pasaron los años en que estuvimos a horas de ir a la guerra, pero ello no implica no hacer nada. Los temas se deben atender bajo el principio de no desear lo ajeno, los bienes del vecino. Si ello se cumple, ya tenemos mucho avanzado en un tema que rápidamente restablece confianzas mutuas y aleja fantasmas del pasado.

No podemos desaprovechar el hecho de que por primera vez en mucho tiempo tendremos gobiernos de derecha en ambos países, con desafíos comunes en seguridad, y con ánimos de que sus economías crezcan, de atraer inversiones, de eliminar restricciones al emprendimiento y la actividad empresarial. El tener al gobierno de Milei arreglando la economía argentina a pasos agigantados, abriéndola al mundo y colocándola en un nivel similar a la de Chile nos permite pensar en grande, en desarrollar cosas conjuntas, en estados de desarrollo e integración que antes era imposible visualizar.

Fuera del ámbito económico está el desafío de mantener e incrementar lo realizado en años anteriores para acercarnos ambos países. No es que no se haya hecho nada en el pasado, al contrario, ya tenemos cosas como la Patrulla Naval Antártica combinada, que opera desde 1998, o ejercicios navales de búsqueda y rescate en el Beagle por 25 años, y frecuentes actividades equivalentes a nivel de los ejércitos y fuerzas aéreas de ambos países. Hay claramente un esfuerzo a nivel de las instituciones de acercarse y conocerse, incluyendo participación en cursos de estado mayor, y de especialidades de oficiales, siendo la mayor manifestación de integración, la Fuerza de Paz Binacional Cruz del Sur, una unidad binacional conjunta creada hace 20 años para fines de las Naciones Unidas, que nunca ha sido usada, pero que a través de su existencia y del entrenamiento permite mantener una conexión viva entre ambos países fronterizos a pesar de su aparente inutilidad.

En su minuto preocupo en Chile la idea del Presidente Milei de recrear la Argentina gloriosa de Julio Argentino Roca, pero el tiempo ha demostrado que esa idea es más bien relacionada con la recuperación de la economía, que relacionada a los esfuerzos de expansión que en su minuto Roca representó. Tampoco preocupa mayormente la recuperación de capacidades estratégicas en la que están embarcados, ya que más que un rearme, es una readquisición de lo perdido a través de años de despreocupación y desinversión en su defensa nacional. Tener una Argentina indefensa a nadie conviene.

El primer viaje del Presidente electo fue a la Argentina, una potente señal de lo que puede venir y de los ánimos que inspiran la relación entre los ambos países. Una oportunidad única para abordar los temas que de vez en cuando nos enredan, como también para abordar iniciativas conjuntas en seguridad y en lo económico, tal como se vivió en los 90.

Chile y la Argentina son mucho más fuertes mirando las cosas unidas y operando como lo hicieron San Martín y O’Higgins hace más de 200 años cuando juntos liberaron Chile y posteriormente el Perú. Algo que suena fácil, pero que va a requerir de fuertes voluntades políticas, de mirar el vaso de agua medio lleno, y de tener neutralizadas las voces locales e internacionales que buscan separarnos y mantenernos alejados.

Por de pronto, los invito a mirar el mapa del Cono Sur de Suramérica desde otra perspectiva, una que nos une y conecta fuertemente con la Antártica y los mares que la rodean.

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