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COLUMNA | La responsabilidad presidencial por la Defensa Nacional

Tenemos la esperanza de que el gobierno de las emergencias, uno que promete ser de acción, tome el toro por las astas y arregle la situación en que recibe a las Fuerzas Armadas y las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional.

12 de Febrero de 2026 El Líbero Richard Kouyoumdjian
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COLUMNA | La responsabilidad presidencial por la Defensa Nacional

Todos los gobiernos recientes, excepto el que ahora termina, han hecho algo relevante por la mantención o recuperación de capacidades estratégicas de la Defensa Nacional.

El gobierno que finaliza el 11 de marzo de 2026 literalmente no hizo nada de importancia. Se limitó a los llamados presupuestos de continuidad, que no eran otra cosa que darles lo mínimo a las Fuerzas Armadas, y cumplir en forma parcial las exigencias que establece la ley de financiamiento de capacidades estratégicas. No hubo compras de buques o submarinos, o de material aéreo o militar, como sí los hubo en los gobiernos anteriores.

Si bien es cierto que este gobierno firmó la política de construcción naval y dijo que la renovación de la Escuadra debía realizarse en astilleros nacionales, esa acción no se manifestó en la firma de decretos que permitieran entre otras cosas, la construcción y financiamiento de los buques logísticos 3 y 4 del proyecto Escotillón IV, o del reemplazo de los submarinos 209, o del reemplazo de la fragata Williams, y así muchas cosas más en el ámbito marítimo o aeronaval.

En lo que se refiere a material aéreo, los aviones E-3 Sentry de la FACH fueron gestionados por el segundo gobierno de Piñera y recibidos durante el primer año de la actual administración. Tengo mis serias dudas de que se haya dispuesto del financiamiento para la modernización de los F-16 MLU y Block 50, y del reemplazo de los helicópteros más antiguos de la Fuerza Aérea. En el caso del Ejército salvo compras del tipo material rodante, no tengo registros de renovación de blindados o de material del tipo drones y misiles que dan capacidades operativas significativas.

Hubo compras menores de material para vigilancia de fronteras, y el centro espacial de la FACH si bien se inauguró en este gobierno, se autorizó y financió en el segundo gobierno del Presidente Piñera, el que a pesar de haber tenido que gobernar un país estresado por la pandemia y las revueltas sociales–delictuales, igual compró las fragatas australianas que pasaron a llamarse Prat y Latorre, y firmó el decreto de la construcción de los dos primeros buques logísticos destinados a reemplazar el Aldea, Aquiles, y las dos barcazas.

Lejos están los días en que los presidentes Frei y Lagos autorizaron y financiaron las compras de submarinos, fragatas, aviones F-16, tanques Leopard 1 y 2, carros blindados Marder, piezas de artillería autopropulsadas de 155mm, sistemas de mando y control, y así muchas otras cosas más, incluyendo los niveles de amunicionamiento correspondientes.

Bachelet que había sido ministra de Defensa con Lagos y tenía estudios en la materia, participó de los procesos recién mencionados, y si no me equivoco, algo tuvo que ver con el buque científico Cabo de Hornos y el rompehielos Viel.

Es cierto que en su minuto a fines de los 90s y comienzos del milenio hubo ofertas muy interesantes en los mercados, pero lo importante es que ellos actuaron con visión de Estado y mirando el largo plazo. Entendían la importancia de la Defensa Nacional como garantes de nuestra soberanía, como protectoras del territorio, los mares, aire y espacio de Chile, como también de su interés nacional donde sea que esté ubicado.

En su primer gobierno Sebastián Piñera no dudó en reconstruir la Base Naval de Talcahuano y de todo lo dañado por el Tsunami del 27 de febrero del 2010, como también en que el poder naval estuviera en condiciones de disuadir efectivamente al Perú en la época del diferendo de la Haya, ya que existía la posibilidad de que se entusiasmaran con el resultado y quisieran ir por más.

Podríamos seguir eternamente demostrando todo lo hecho en gobiernos anteriores y lo poco o nada que este gobierno saliente hizo por las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional, que se suma a los pobres presupuestos de hambre con que las Fuerzas Armadas han tenido que operar. El actual gobierno decía que su prioridad era el saneamiento de las finanzas públicas, pero eso es parcialmente correcto.

El área social no tuvo impactos en sus presupuestos, pero en cambio con las Fuerzas Armadas no tuvieron problemas para ajustarles el presupuesto operativo, o no autorizar los proyectos de renovación o mantención de capacidades a pesar de que había fondos de la ley de financiamiento de capacidades estratégicas disponibles.

Literalmente perdimos cuatro años. Es algo de lo cual el Presidente electo y su ministro de Defensa Nacional recientemente designado se tendrán que hacer cargo. Claro que hay emergencias en el ámbito de la seguridad y la economía, pero también estamos ad portas de una en lo que se refiere a las capacidades estratégicas de Chile.

Si nada se hace, muy prontamente, y antes de lo que se piensa, vamos a tener que comenzar a dar de baja submarinos y fragatas, material del Ejército y de la Fuerza Aérea. Ya no se trata de gestionar su reemplazo. Estamos hablando derechamente de perder capacidades que hasta ahora nos han dado más de 20 años de paz y tranquilidad, y cuya readquisición posterior claramente saldrá más cara si no se hace ahora en forma ordenada y planificada.

Presupuestos de continuidad más desinversión en defensa no son una buena idea, algo que esperamos el nuevo gobierno se haga cargo y corrija a la brevedad. No tenemos otros cuatro años y debemos tomar acción de inmediato. No estamos hablando de completar los fondos de las cuentas de capacidades estratégicas o de contingencias. Estamos hablando de tomar acción, firmar decretos y avanzar.

El mandatario saliente acusó a la nueva administración de querer sacarse fotos con inauguraciones financiadas por su gobierno, pero se olvida que en lo que a defensa se refiere, se sacó fotos en la recepción del Viel al servicio naval, o en el Centro Nacional Espacial, ambos autorizados y financiados por gobiernos anteriores, dando la impresión de hacer muchas cosas, pero que de suyas nada tenían.

Tenemos la esperanza de que el gobierno de las emergencias, uno que promete ser de acción, tome el toro por las astas y arregle la situación en que recibe a las Fuerzas Armadas y las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional.

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