La guerra en Europa desatada por la invasión rusa a Ucrania ocupó el lugar central de las discusiones y los análisis vertidos en las distintas sesiones de la reciente edición de la “Land Warfare Conference” (conferencia de guerra terrestre), organizada por el Royal United Service Institute (RUSI) entre el 22 y 23 de julio en Londres.
Los expositores incluyeron a John Healey, nuevo secretario de Estado de Reino Unido para las Fuerzas Armadas; al excomandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania y nuevo embajador en Reino Unido, general (R) Valerii Zaluzhny; al almirante Tony Radakin, jefe del Estado Mayor de la Defensa; y al general Roly Walker, jefe del Estado Mayor del Ejército británico. Además, se contó con la presencia de oficiales, miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), académicos y representantes de distintos centros de estudios y de la industria de Defensa.
La evaluación inicial del contexto internacional fue preocupante, pues además de la guerra desatada por Rusia, se destacaron las tensiones en el estrecho de Taiwán, península de Corea y Medio Oriente, sin mencionar la compleja situación política y de seguridad por la que atraviesan África subsahariana y América Latina. En esta línea, se identifica la conformación de un “eje” de Estados que están abiertamente desafiando el sistema internacional actual, con la consecuente inestabilidad y mayor conflictividad.
No obstante, lo variado y profundo de las discusiones, a la hora de destacar las ideas centrales que se desarrollaron durante la conferencia se podría apuntar cuatro:
Para la mayor parte de los presentes, el desenlace de la guerra actual en Ucrania tendrá claras y directas repercusiones para el continente. La percepción es que en la medida que el presidente ruso Vladimir Putin logre sus objetivos, prolongará sus ambiciones a otros sectores de Europa, amenazando más directamente a los miembros de la Alianza Atlántica — cosa que ya estaría ocurriendo—, pero a través de otros medios menos directos (ciberespacio, campañas de desinformación, etc), según planteó el almirante Radakin.
Durante la conferencia, mencionó la idea de que Rusia necesitaría unos cinco años para recuperar sus capacidades operaciones perdidas y otros cinco para implementar las lecciones obtenidas durante la guerra, pasando a constituir una verdadera amenaza para Europa. Siguiendo con este argumento, la misma autoridad británica recomendó reforzar las capacidades estratégicas (poder nuclear), incrementar las capacidades operacionales de las fuerzas como parte de la OTAN y el potencial industrial para la Defensa. Todo lo anterior, representa un desafío para las fuerzas locales y el ejército, en particular. En el mismo sentido, la idea de continuar fortaleciendo la Alianza Atlántica fue un tema recurrente. Según Radakin, hoy el bloque es más fuerte y superior que Rusia, por lo que la defensa colectiva sigue siendo la mejor opción estratégica para la región.
En el mismo orden de ideas, el secretario de Estado de Defensa, John Healey, afirmó que la primera y más imperativa tarea de un gobierno es proteger a sus ciudadanos y, dado el complejo y serio momento de seguridad que enfrenta el Reino Unido, se deberán acelerar los procesos de modernización y termino de los medios de defensa británicos, incluyendo lo relacionado a la industria de Defensa. Del mismo modo, aseguró la determinación del Reino Unido y de los socios de la OTAN en continuar apoyando el esfuerzo bélico de Ucrania.
Un punto de mayor interés durante la conferencia fue la intervención del exjefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania. El ahora embajador Zaluzhny planteó que los países deben “despertar” y visualizar cómo proteger a sus ciudadanos de las distintas amenazas que enfrentan. Continuó indicando que una de las enseñanzas del actual conflicto que afecta a su país es que una guerra debe evitarse por todos los medios, sin embargo, si estalla, los Estados deben estar preparados para vencer, no solo empleando el poder militar, siendo lo más complejo preparar a la sociedad misma. Añadió que que al ser la guerra un acto político, terminará inevitablemente afectando la política de otros países, por lo que las democracias deben observar la evolución de los conflictos. Finalizó agregando que la actual guerra desatada por la invasión rusa a gran escala no debe ser vista como la guerra del futuro, si no que una transición en el carácter de la guerra.
EVOLUCIÓN DEL CAMPO DE BATALLA
Las experiencias que se están evidenciando desde las zonas de guerra, ya sea aquellas obtenidas y compartidas por las fuerzas ucranianas, como las extraídas del análisis de los acontecimientos, han sido y seguirán siendo una fuente importante de aprendizaje que debe estar alimentando los procesos de adaptación. El desarrollo de nuevos sistemas y la implementación de mejoras innovadoras en sistemas y tácticas ya existentes son una solución viable para lograr ventajas comparativas en la guerra. Según el investigador Jack Watling de RUSI, el campo de batalla ha cambiado de manera relevante, particularmente en letalidad y transparencia, lo que demanda mayor integración lateral de sistemas y unidades, permitiendo dispersión y concentración coordinada y eficiente. Desde su punto de vista, las capacidades que se han convertido en críticas están el sostenimiento logístico en dicho ambiente, la defensa aérea (densidad y capas) y tropas de infantería acorde al escenario y situación. Sobre lo último, a pesar de la evolución de la tecnología y procedimientos, las unidades de infantería continuarán siendo indispensables para la conquista y mantenimiento de espacios geográficos. No obstante, el experto afirmó que entre las áreas más importantes y trascendentes, por el impacto actual y futuro en las operaciones, se destacan el desarrollo y empleo de sistemas autónomos, la dispersión de capacidades de guerra electrónica a niveles inferiores, el uso de inteligencia artificial y tecnología quantum y, sobre todo, el poder de fuego. La letalidad de los sistemas de artillería, cohetes, drones, entre otros, son responsables de cerca del 80% de las bajas ucranianas en la guerra, incrementándose el alcance, precisión, rapidez y detección. A pesar de la relevancia de la precisión, la necesidad de generar acción en masa continúa marcando la letalidad en el campo de batalla, dada la limitada disponibilidad y alto costo de sistemas de precisión, además de que estos pueden ser afectados por contramedidas, reduciendo significativamente su exactitud.
Durante la conferencia, además, se abordaron reiteradamente conceptos como letalidad, adaptación, innovación, modernización e integración para hacer frente a las nuevas características del campo de batalla. Según Yogue Pavel, más que buscar una “cadena de destrucción” (kill chain), se debe desarrollar una “red de destrucción” (kill web), dando cuenta de la necesidad de integración vertical y horizontal entre sistemas, unidades y dominios. Del mismo modo, respecto de la innovación, considerando el tiempo que demanda el desarrollo de nuevos sistemas de armas, la sugerencia general fue que se debe mejorar el empleo de los sistemas actuales, mediante el uso de software u otros complementos que generen nuevas capacidades, aprovechando oportunidades y reduciendo costos.
En particular, el jefe del Ejército del Reino Unido planteó el concepto de desarrollar una fuerza terrestre de quinta generación, en alusión a los avances, modernización y cambios en la estructura que se necesitan para adaptarse a las nuevas necesidades. En primer término, definió como desafío el duplicar el poder de combate de la institución en un plazo de tres años (2027) y triplicarlo antes del 2030. Por cierto, reconoce que se requieren nuevos sistemas de armas, sin embargo, no estarán disponibles a corto plazo, por lo que se necesitará un enfoque híbrido, en el que se combinen sistemas de armas actuales mejorados con herramientas y software modernos. Al final, de lo que se trata es de incrementar letalidad, sostenibilidad y protección de la fuerza terrestre. Se reconoció que ningún ejército —incluido el británico, el ruso y el chino— está realmente preparado para enfrentar este tipo de guerra, tanto por las necesidades de nuevas tecnologías, tácticas, doctrina y procedimientos para minimizar el impacto de la transparencia del campo de batalla, como por los altos niveles de consumo de munición y la atrición asociada.
INDUSTRIA DE DEFENSA
Como necesidad fundamental para todo lo anterior, durante la conferencia se insistió y justificó la obligación de generar y mantener una industria de Defensa suficiente para otorgar independencia estratégica y, de ser necesario, sostener las operaciones, sobre todo, ante situaciones de guerra entre “pares”, cuya duración, desgaste y consumo de material y munición son tan altos, que resulta prohibitivo enfrentarlos sin dichas capacidades. En este desafío, la relación público-privada no es sólo posible, si no indispensable para el desarrollo de proyectos complejos, tal como se hace en otras áreas del quehacer nacional. Una visión de largo plazo, con compromisos, incentivos adecuados y sentido de realidad, en los que se asuman, acepten y compartan riesgos y fracasos como parte consustancial del progreso, son elementos clave para generar una adecuada base industrial.
Por último, un tema importante que se abordó y que se relaciona con la disponibilidad, movilización, eficiencia y resiliencia durante un conflicto, es el reclutamiento, formación y retención del personal de las fuerzas armadas. Por un lado, se aprecia una crisis en los sistemas de reclutamiento. Según lo planteado, el problema del Reino Unido no se relacionaría con la falta de postulantes para las instituciones, si no que más bien con la posibilidad de completar las vacantes con personas que cumplan los perfiles definidos. En este sentido, el llamado es a evaluar la situación y los cambios demográficos y generacionales. Por otro lado, siendo el establecimiento de cuadros completos y la disponibilidad de reservas responsabilidades directas del Estado, es indispensable el contar con adecuados procesos de formación que aseguren la calidad y aquellos necesarios para generar incentivos de permanencia, siendo los más importantes los que aseguren el desarrollo y ejercicio profesional. El no atender estos elementos, terminará produciendo problemas para la seguridad del Estado, pues el reemplazo de este personal, además del alto costo, resulta altamente complejo y lento, generando vulnerabilidades que pueden ser altamente críticas.
DESAFÍOS PARA CHILE



Marcelo Masalleras, investigador senior de AthenaLab
Londres, 22 y 23 de julio de 2024