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COLUMNA | Política de la nada: una respuesta a Mathieu González

El mundo es muy cínico, son muchos los que se benefician de un Irán sin ayatolas, pero son pocos los que están dispuestos a pagar estar libres de la amenaza que representan.  

18 de Marzo de 2026 El Mostrador Richard Kouyoumdjian
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COLUMNA | Política de la nada: una respuesta a Mathieu González

El sábado 14 de marzo, el profesor de la UAI Mathieu González replicó una columna que publiqué el 06 de marzo, titulada “¿La tercera es la vencida? Los clérigos sin opción en Irán” .

Agradezco tanto el reconocimiento a mi persona como la réplica, ya que me permite responder las principales observaciones que hace, como también hablar del ataque a Irán a más de dos semanas de haberse iniciado, ya que tenemos 10 días más de observación de los hechos ocurridos y, por ende, la posibilidad de realizar observaciones con más evidencias.

Lo primero que observa es que a su entender mi planteamiento de 47 años de guerra es incorrecto. Esta idea, la de 47 años en guerra, es una idea que comparto plenamente, una que viene de varios connotados analistas y académicos norteamericanos, una que defienden cuando analizan el conflicto entre Irán y los Estados Unidos de América, uno que arranca con la llegada de los clérigos al poder en febrero de 1979, los que tienen como su enemigo principal y declarado a los estadounidenses y los israelíes.

Sobre eso no creo que haya dudas, como tampoco de que el régimen iraní ha hecho lo imposible por atacar directa o indirectamente intereses de los Estados Unidos, algo que la actual administración, la de Donald Trump, a diferencia de anteriores, no está dispuesta a tolerar, tal como no está dispuesta a tolerar lo que ponga en riesgo su seguridad nacional.

Evidentemente, un Irán con capacidades nucleares y balísticas no es algo que les guste mucho y, por ende, es algo que se han dedicado a neutralizar o eliminar. Es algo que no gusta a nadie, incluyendo los chinos. En ese esfuerzo los acompañan los israelíes, ya que ellos también son objeto de deseo de los iraníes, los que quieren eliminar al Estado de Israel y los judíos que lo habitan, algo a lo que han dedicado esfuerzos durante los 47 años que han pasado desde que los ayatolas derrocaron al sha.

En lo que se refiere a la superioridad tecnológica norteamericana, creo no equivocarme al decir que, ya sea solos o con la ayuda de Israel, han sido capaces de realizar operaciones militares sin mayor oposición, disponiendo a la fecha de una superioridad aérea que les permite seleccionar el dónde y el cuándo atacarán y los blancos a batir. Las pérdidas que han sufrido no han sido por falta de capacidad, sino propias e inherentes a actividades de alto riesgo, como son las operaciones aéreas en ambientes complejos.

Solo tener menos de 15 bajas a la fecha de esta replica, habiendo más de 50 mil efectivos estadounidenses desplegados en el Medio Oriente, habla muy bien de la capacidad militar los Estados Unidos.

Evidentemente el tener una efectividad de un 100% en la defensa antimisiles y antidrones es algo que hoy no existe, y no existe principalmente por el costo que ello significa, pero de seguro que en un futuro próximo lograrán soluciones costo-efectivas. Dicho eso, si se observa el modelo israelí, al que ahora se agrega una componente láser, sabe que no va a llegar a un 100%, pero sí que ese porcentaje es lograble en lo que a protección de vidas humanas e infraestructura crítica se refiere.

Más importante que lo anterior es el mal desempeño que han tenido los sistemas rusos y chinos usados por Irán para su defensa. Parte de los objetivos estadounidenses es probar sus capacidades militares sin tener que enfrentar directamente a China o Rusia.

Lo que se está aprendiendo en los ataques del 2024, 2025 y el que está en curso va a generar conclusiones y aprendizajes para la dupla Estados Unidos-Israel, como también para chinos y rusos, pero más importante aún: va a permitir a EE.UU. ver si su nueva forma de hacer la guerra –una más basada en medios aéreos, con tecnología de precisión, con mucho uso de IA, que evita tener que usar tropas y por ende que minimiza la pérdida de vidas humanas que sufrieron en Iraq y Afganistán– es posible de realizar y, si no, qué debe ser mejorado para que sea posible. Por de pronto, han ganado por paliza.

Lo que a muchos analistas cuesta entender es que el gran y único enemigo que Estados Unidos tiene, y que no es algo que sea inventado por Trump, es China. Si vemos el caso de la acción realizada en Venezuela, los objetivos pueden haber sido varios, pero el principal es negar el acceso de China al petróleo venezolano, un petróleo que Estados Unidos no necesita, pero que para China es importante.

Cuando miramos el caso de Irán, Estados Unidos ataca por varias razones, incluyendo el hecho de que Israel iba a atacar igual, con o sin los norteamericanos, ya que buscan eliminar las capacidades balísticas de Irán. Atacan porque, entre otras cosas, se dio la posibilidad de eliminar a buena parte del liderazgo iraní, pero principalmente Estados Unidos ataca porque se les dio la posibilidad, a través del ataque a Irán, de afectar a China y su abastecimiento de petróleo, uno en que Irán representa el 14%, pero más importante aún, uno que se ve muy afectado por el cierre del estrecho de Ormuz, ya que más del 50% del petróleo que consume China sale del Golfo Pérsico y/o el Golfo de Omán.

Estados Unidos le ofreció a China en su estrategia de seguridad nacional un área de influencia, pero ello no quita que busquen directa o indirectamente degradar las capacidades económicas, industriales y tecnológicas del gigante asiático. Atacar el abastecimiento petrolero chino es una forma de hacerlo, más aún cuando el abastecimiento que venía de Venezuela e Irán no se pagaba en dólares o través del mercado normal. Se realizaba en moneda china y a descuento, ya que ambos países están sancionados. Se realizaba usando las llamadas flotas fantasmas, las que también sirven a los intereses rusos en materia petrolera.

Después de más de 15 días desde el inicio de los ataques, Irán está sin mayores capacidades. Pronto se quedarán sin misiles o drones, es decir, a la merced de Estados Unidos e Israel. Es cierto que la cosa está complicada en el estrecho de Ormuz, pero todos olvidan que los estadounidenses son autosuficientes en petróleo, siendo el único afectado el resto del mundo, que no quiere ayudar en asegurar el libre tránsito.

La rebelión de las potencias medias no va a resultar en nada, siendo muy posible que los norteamericanos prontamente logren el control total del Golfo Pérsico, el Golfo de Omán y el estrecho de Ormuz, cosa que, si llegan a lograr, van a cobrar muy caro a los que no los apoyaron.

El mundo es muy cínico, son muchos los que se benefician de un Irán sin ayatolas, pero son pocos los que están dispuestos a pagar estar libres de la amenaza que representan. Ya veremos qué hace China, pero, por de pronto, la reunión de Xi con Trump ha sido postergada, estando China literalmente atrapada en un zapato chino, del cual solo se pueden librar si ellos concurren a asegurar el libre tránsito, o colocan presión para que los clérigos se rindan.

Por de pronto, está claro que, al igual que el resto del mundo, caro van a pagar por su petróleo. Ya veremos cuánto aguantan ellos y las potencias medias, las que ya descubrirán que los gustitos del tipo Carney no conducen a nada.

Para finalizar, la duración de este conflicto, más que estar en el estrecho de Ormuz, está en la política interna de Estados Unidos, en las elecciones de medio término de noviembre y en el impacto en la economía norteamericana del actual conflicto.

Si las encuestas previas son malas para los republicanos, Trump va a terminar el ataque y declarar sus objetivos cumplidos. Si la cosa no se ve mal, va a continuar dándoles duro a los iraníes y en forma indirecta a los chinos. El presidente Trump siempre busca maximizar su utilidad.

Richard Kouyoumdjian

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