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ANÁLISIS | Relación Chile-Bolivia: compleja pero histórica oportunidad
Fuente: Minrel
El fin de los 20 años del poderío del MAS en Bolivia abre una ventana de oportunidad inédita para nuestra vecindad. El presidente Rodrigo Paz llamó a “dejarnos de ciertas tonterías” y prometió, en campaña y en el cargo, restablecer las relaciones a nivel de embajadores. En esto se enmarcó, en efecto, la reciente visita a Santiago del canciller boliviano Fernando Aramayo.
Esta fue histórica por sí misma, pues pasaron décadas para que un ministro de ese cargo volviera oficialmente a la capital chilena. Fue también reflejo del enfoque netamente pragmático, y por añadidura, realista del nuevo gobierno paceño. En este contexto se buscan reimpulsar los vínculos bilaterales con base en materias comunes como fronteras, narcotráfico, seguridad, comercio, inversiones reciprocas y oleoducto Sica Sica. Esta aproximación quedó plasmada en reuniones de alto nivel en Sofofa –el más importante gremio empresarial del país– y en el ministerio de Relaciones Exteriores, con firmas de sendos memorándums de entendimiento mediante.
El canciller Alberto van Klaveren calificó la visita como un “hito” de la relación bilateral. La recepción de la Oficina del Presidente Electo (OPE), por su parte, ha sido de apertura e igualmente pragmática. En campaña, José Antonio Kast secundó a su ahora homólogo Rodrigo Paz señalando que “tenemos el mismo interés en restablecer relaciones”, dado que no buscan “cerrar las fronteras, sino tener la colaboración de nuestros vecinos”. En la OPE, sin embargo, confían que la iniciativa será de Bolivia, el país que quebró las relaciones diplomáticas en 1978.
Para avanzar hacia lo pretendido, Santiago y La Paz deben abordar desafíos complejos que exceden las materias de interés y mutuamente beneficiosas mencionadas. Por nuestro lado, esto incluye estudiar los errores del pasado y, naturalmente, no volver a repetirlos; dejar atrás la narrativa y conducta jactanciosa en sectores de la élite y la población chilena (en Bolivia, en contraposición, es reconocidamente irrendentista);renunciar a la diplomacia ideológica “de los pueblos” y “plurinacional” que amenaza al Estado como actor unitario en política exterior; olvidar la agenda de los trece puntos; perfeccionar el cumplimiento de las obligaciones del Tratado de 1904 para el amplio y libre acceso desde y hacia el Pacífico para Bolivia (que comprende innumerables materias como el tren Arica-La Paz, condiciones de atraque en puerto Sica Sica y reversión del ducto del mismo nombre); entre muchos otros.
Mención especial merece el asumir y procesar el error, por lo menos desde Chile, de no haber conmemorado, en octubre de 2024, los 120 años desde la firma de dicho tratado. Esta omisión, que pasó colada en la vasta mayoría de la prensa nacional, significó desconocer la historia común, aunque compleja, de dos países vecinos. En síntesis periodística, se desatendió la estructura mientras, en paralelo, el presidente Gabriel Boric y su entonces homólogo Luis Arce mantenían conversaciones de alto nivel sobre la coyuntura. Son las curiosidades de nuestra diplomacia. Hacerse cargo de la historia es una condición sine qua non para superar el estado actual de las relaciones. Para nuestra fortuna, el tiempo ofrece remediar este desacierto al poder conmemorar 125 años en 2029 de un acuerdo vigente, cuando también se cumplen 100 años del Tratado de 1929 con Perú y el que, de paso, también involucra –dejemos atrás los eufemismos– a La Paz.
Como digresión, Paz y Aramayo han aclarado de oficio que el interés de reimpulsar las relaciones con Chile es sin renunciar a su vocación marítima, citando incluso la constitucionalización de esta pretensión, por parte de Evo Morales en 2009, en contravención del Tratado de 1904. Cabe anotar, empero, que el propio canciller boliviano confesó que “nos toca a nosotros también revisar el nivel de seriedad con el que se trató el tema”, agregando que “habrá que rendir cuentas también frente a ello en Bolivia, frente a los bolivianos, de las autoridades que tuvieron a su cargo la conducción de esta temática”, y descartando que este asunto sea el “ancla” del restablecimiento de relaciones.
En resumidas cuentas, las señales hasta ahora son auspiciosas en ambos países. En Chile existe gran expectación ante la estrategia del presidente electo, quien cuenta con encargados internacionales profesionales con virtuoso pasado y presente en Bolivia. Es, al final de cuentas, el estándar que se requiere para liderar una compleja pero necesaria apuesta.
Por último, es incierto cómo encajará esta enrevesada ecuación, que requiere manejo político y diplomático estricto, dentro del perfil del canciller designado, CEO por décadas de uno de los principales grupos económicos del país (Quiñenco, ligado a la familia Luksic), con amplias redes internacionales que hace presagiar una estrategia enfocada principalmente en lo comercial y atracción de inversiones.
Para tranquilidad de los lectores, y a juzgar por las propias declaraciones de las futuras autoridades, habrá mayores certezas dentro de los primeros 90 días tras la instalación de José Antonio Kast en La Moneda.
RAIMUNDO JARA DUCLOS
Subdirector Revista Realidad y Perspectivas (RyP)
Programa de Relaciones Internacionales, Derecho U. de Chile
Las opiniones expresadas en esta sección corresponden exclusivamente a sus autores y no representan necesariamente la posición oficial de la institución.
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