Comentarios y Análisis
COMENTARIO | De la ausencia a la influencia: Chile y su participación en foros internacionales
En un contexto donde América Latina comienza a ganar visibilidad, la futura participación de Chile en espacios como la Munich Security Conference representará una oportunidad concreta para recuperar presencia internacional, construir redes de alto nivel y posicionarse como un socio confiable en las discusiones que están moldeando el orden global.
La reciente celebrada Munich Security Conference (MSC), este pasado fin de semana, reunió a más de 1,500 personas de 150 países, incluyendo autoridades de gobierno y parlamentarios de EE.UU., Europa y el resto del mundo. A eso se sumaron cientos de ejecutivos de empresas multinacionales, y representantes de las más importantes ONGs mundiales, entre ellas think tanks, medios de comunicación, y grupos de lobby. En Múnich no solo se intercambiaron diagnósticos: se probaron alineamientos, se anticiparon cambios estratégicos y, sobre todo, se construyeron relaciones que luego se traducen en decisiones concretas.
La participación de países Latinoamericanos en la MSC ha sido gradual. Hace cuatro años apenas habían speakers de la región, sin embargo, este año el Ministro de Defensa de Colombia estuvo en dos paneles y Argentina participó a nivel de su Canciller y Ministro de Defensa. En este contexto, la ausencia sistemática de Chile en la MSC debe resarcirse. No se ha apostado por participar ni con autoridades de gobierno ni siquiera con delegaciones técnicas a nivel de embajadores o agregados de defensa. Esta inacción no responde a barreras estructurales (la conferencia es gratuita y funciona por invitación) sino más bien a una falta de priorización estratégica de espacios internacionales decisivos para la gobernanza global.
La MSC no es solo un foro de debate, sino una plataforma de resultados concretos: reuniones bilaterales, acuerdos en defensa, posicionamiento político y visibilidad internacional. Participar abriría a Chile la posibilidad de convertir presencia en influencia, y contactos en cooperación tangible, en vez de observar cómo otros ocupan ese lugar.
Liderazgo Estadounidense: Rubio y Colby
Las señales emitidas desde Estados Unidos en esta última MSC refuerzan la importancia de estos espacios. Una de las presentaciones más esperadas fue la de las autoridades norteamericanas cuya delegación a nivel ministerial también incluyó más de 30 legisladores. El Secretario de Estado, Marco Rubio, dijo en una frase clave en su alocución (Sábado 14): “Estados Unidos y Europa pertenecen juntos” (“We want Europe to be strong… Europe and the U.S. belong together”). Esto lo dijo para reafirmar la alianza transatlántica, destacando que ambos comparten raíces culturales e históricas y que deben colaborar frente a desafíos globales. La postura de Rubio es radicalmente opuesta al versión anterior de la MSC en 2025 cuando JD Vance lanzó duras críticas a Europa y su orden político.
¿Por qué es importante esto para América Latina? Si EE.UU. busca fortalecer su relación con Europa, puede también traducirse en una mayor cooperación estratégica que incluya a América Latina frente a potencias como China y Rusia. Reforzar alianzas occidentales redoble la ideas que temas latinoamericanos, como seguridad, comercio y migración, cobrarán mayor peso en agendas multilaterales durante 2026. Al subrayar que Occidente “pertenece unido”, se envía un mensaje de que la región latinoamericana puede jugar un rol activo dentro de un orden global que valora democracias y mercados abiertos.
La segunda presentación más esperada fue la del jefe de estrategia del Pentágono, Elbridge Colby, quien transmitió una línea clara: “La OTAN debe basarse en asociación y no en dependencia”, subrayando que los aliados europeos deben asumir la responsabilidad principal de su propia defensa en términos de capacidades militares, mientras Washington se enfoca en roles más específicos como la disuasión nuclear y desafíos globales más amplios.
¿Por qué influye esto en América Latina? Esta postura indica que EE.UU. podría reducir su presencia militar tradicional en Europa y redirigir recursos hacia otros teatros (incluyendo el Medio Oriente y el Hemisferio Occidental). Si Europa toma más carga de defensa, EE.UU. podría tener más margen político y recursos para colaborar con socios en América Latina en seguridad, comercio o infraestructura. El énfasis en asociaciones más equilibradas puede servir de ejemplo para redefinir relaciones bilaterales en la región, promoviendo responsabilidad compartida y cooperación más profunda entre gobiernos latinoamericanos y potencias externas.
Presencia de Colombia y Argentina
Según fuentes abiertas, el Ministro de Defensa argentino, General Carlos Presti, se reunió con sus pares de Bélgica e Italia, con el mismo Colby, y con el Vicepresidente Ejecutivo Internacional de Airbus. Bélgica señaló su capacidad para el mantenimiento de la flota argentina de F-16 en Europa y la posibilidad de desplegar equipos técnicos donde sea requerido. Se confirmó además la reapertura de la Agregaduría Militar argentina en Bruselas en 2026. Con Airbus se discutió el interés en de la empresa en ampliar su presencia en la Argentina y su disposición a analizar opciones de cooperación en el área de defensa, tanto en productos aeronáuticos como en servicios de mantenimiento e inspección.
El Canciller Argentino, Pablo Quirno, fue speaker en un panel titulado Raw Power: The Geopolitics of Resources. Quirno se reunió con sus pares de Alemania, China, República Checa, Georgia, Ucrania, Emiratos Árabes Unidos, y la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, entre otros.
Rafael Mariano Grossi, candidato argentino a la Secretaría General de la ONU, también estuvo presente en la MSC. Otra aspirante también fue panelista, la costarricense Rebeca Grynspan, y la potencial candidata ecuatoriana, María Fernanda Espinoza, también estuvo en la conferencia.
El Ministro de Defensa de Colombia, General Pedro Sánchez, se reunió con su par de Francia y acordaron redoblar la cooperación internacional en marco de Estrategia Orión, destinada a contrarrestar tráfico de drogas. El Ministro Sánchez fue sin duda la figura de América Latina con mayor participación en los paneles de la conferencia resaltando la importancia que se les otorga a representantes de Colombia en foros internacionales. Sánchez compartió escenario con el Embajador de EE.UU. ante la ONU, Michael Waltz, en un panel titulado Breaking Point: The International Order Between Reform and Destruction (Viernes 13). También tuvo una participación en el panel Illicit Affairs: Confronting Criminal Networks Across Borders (Sábado 14).
Recuperar visibilidad e influencia
¿Qué pierde Chile por no participar en la MSC y por qué queda en desventaja frente a países como Colombia y Argentina? Chile resta visibilidad estratégica y acceso directo a conversaciones donde se están definiendo prioridades globales de seguridad, defensa y geopolítica. Al no estar en la MSC, queda fuera del “cuarto donde se toman las decisiones” y de los contactos informales que muchas veces valen más que los comunicados oficiales.
Colombia y Argentina se codearon con ministros, asesores de seguridad y líderes políticos más otros actores clave. Eso les permite posicionar narrativas propias, venderse como socios confiables y abrir puertas a cooperación en defensa, financiamiento, tecnología o apoyo político. Chile, en cambio, no construye capital político ni redes personales en ese espacio, lo que lo deja en desventaja competitiva cuando se reparten atención, influencia y oportunidades.
Las señales de EE.UU. en la MSC muestran un retorno a la lógica de alianzas occidentales, pero con mayor exigencia de corresponsabilidad. Chile, al no estar presente, pierde la oportunidad de leer de primera fuente el giro estratégico estadounidense y de ofrecerse como socio estable, democrático y predecible en el Hemisferio Occidental. Participar permitiría a Chile alinear su discurso y propuestas con las nuevas prioridades de Washington, en vez de quedar relegado a interpretaciones tardías o indirectas.Para Chile, la conclusión es clara: la ausencia no es neutral. Implica ceder espacio, visibilidad e influencia en un momento de reconfiguración del orden internacional. Al mismo tiempo, la oportunidad sigue abierta. La región aún no está sobrerrepresentada en la MSC y el prestigio institucional de Chile podría traducirse rápidamente en acceso, credibilidad y capacidad de incidencia si existiera una decisión política de participar de manera sistemática.
Sobre el autor
Senior Research Fellow en el think tank Royal United Services Institute (RUSI) en Londres
Temas relevantes
No te pierdas ninguna actualización
Suscríbete a nuestro newsletter de forma gratuita para mantenerte informado de nuestros lanzamientos y actividades.
Suscribirse


