Irán y Hezbolá… ¿en Chile?

  • por John Griffiths & Marcelo Masalleras
  • Análisis
Irán y Hezbolá… ¿en Chile?

Después del masivo ataque con drones y misiles que
la República Islámica de Irán ejecutó en contra de Israel la noche del 13 al 14
de abril pasado, buena parte de la atención de los medios de comunicación
nacionales se ha concentrado en cubrir la presencia de Irán y sus aliados en la
región latinoamericana, a lo cual ayudaron las recientes declaraciones de la
ministra de Seguridad argentina, Patricia Bullrich. Dicha autoridad trasandina afirmó
la existencia de ciudadanos iraníes y del grupo Hezbolá en distintos países,
incluido Chile. La reacción de las autoridades nacionales apuntó a desmentir a
Bullrich, al tiempo que condenaron sus palabras, agregando que ellas dañaban la
imagen de Chile. No obstante, no se percibió de parte de estas autoridades
ningún atisbo de preocupación al respecto, ni mucho menos abrirse a la
posibilidad de que fueran correctas o, al menos, parcialmente ciertas.

Lo que más preocupa de esta situación es la
inmediata negativa de Chile a que lo planteado sea siquiera un indicativo de la
presencia iraní, o de sus aliados, en Chile y también la desviación del
problema de fondo por medio de un discurso más bien confrontacional. De esta
manera, los ciudadanos debemos preguntarnos qué sabemos sobre la presencia de
Irán en la región —particularmente en Chile—, y si es real —más importante aún—,
qué no sabemos sobre sus actividades.

 

QUÉ SABEMOS Y QUÉ NO SABEMOS

            Sabemos que Irán ha
expandido su presencia en Latinoamérica; especialmente, desde el inicio del
siglo XXI. Tras la llegada al poder del presidente persa Mahmud Ahmadineyad
(2005-2013), la representación diplomática de este país asiático se duplicó. Si
antes del año 2005 había cinco delegaciones, se agregaron Colombia, Ecuador,
Bolivia, Uruguay, Nicaragua y Chile. Del mismo, sabemos que en 2010 comenzó a
transmitir la cadena HispanTV, servicio de radiodifusión en español de origen
iraní que cubre casi toda la región, tal como se puede observar en su página
web[1].
Otro medio de comunicación interesante es Al Mayadeen, el que también emite
programación en español para la región desde 2012, con sede en Beirut, Líbano[2],
lugar de origen de la milicia Hezbolá. También sabemos que Teherán ha
incrementado sus lazos con Venezuela, Cuba y Bolivia en los ámbitos económicos
y de seguridad; al menos, es lo que la jefa del Comando Sur de Estados Unidos,
general Laura Richardson, afirmó en su exposición ante el Congreso de dicho
país en marzo de 2022[3].

            Por otra parte, hemos
tomado conocimiento de actividades inéditas en la región, por decirlo de alguna
manera. Por un lado, un avión con pilotos iraníes y tripulación venezolana fue
retenido en Argentina y terminó finalmente siendo enviado a Estados Unidos. También
circula la información que vincula a ciudadanos iraníes con la obtención de credenciales
de identidad boliviana y que cruzaron fronteras internacionales. Y en el
aeropuerto de Santiago, dos iraníes con pasaportes falsos británicos fueron
detenidos cuando intentaban abordar un vuelo a Europa[4].

            Por otra parte, sabemos
que, además de Venezuela, Cuba y Nicaragua, Irán ha demostrado especial interés
por su relación con Bolivia. De hecho, se firmó un memorándum de entendimiento
o cooperación entre Bolivia e Irán hace menos de doce meses en el campo de la
seguridad y la defensa. Si bien no se conocen detalles al respecto, las
autoridades altiplánicas afirmaron que la industria iraní podría proporcionarles
tecnología avanzada con drones para el control de fronteras y la lucha contra
el narcotráfico[5].
Asimismo, se incluirían embarcaciones para la navegación fluvial y personal de servicio
para el mantenimiento de aeronaves, dentro de otras cosas[6].
Se ha mencionado, además, que ya habría más de 700 funcionarios iraníes en
Bolivia[7].

            Desde hace tiempo es
conocida la presencia previa del grupo terrorista Hezbolá en Latinoamérica. La
justicia argentina responsabilizó directamente a esta organización por los
atentados terroristas de 1992 y 1994 en Buenos Aires, y a su vez vinculó
directamente a ciudadanos iraníes en la preparación y ejecución de los ataques.
Sobran antecedentes para confirmar la presencia de Hezbolá en la Triple
Frontera, normalmente relacionados con actividades ilícitas y criminales
ligadas a la recaudación de fondos. También han existido voces que sitúan a
este grupo en Iquique, como un cable estadounidense citado por Ciper Chile[8],
o que lo vinculan de alguna manera con fracciones de la diáspora libanesa en la
región de la cual Chile forma parte[9].

En fin, existe información consistente, alguna
con mayor certeza y credibilidad que otras. Lo que no se sabe es el interés
real que podría tener Irán y Hezbolá en esta parte del mundo. Hay quienes se
han aventurado a descifrarlo, como lo propuesto por Alberto Priego en un documento
del Instituto Español de Estudios Estratégicos, quien plantea que la intención
de la República Islámica en cuestión y sus asociados puede ser incrementar su
alcance internacional, desestabilizar a Estados Unidos, conseguir divisas —tanto
lavando como generando activos—, apoderarse de recursos naturales y reclutar
personas y entrenarlas para fines violentos. Más allá de la fiabilidad de estas
hipótesis, lo propuesto no es algo disparatado ni alejado de lo que Irán ya
hace en otras partes del mundo. Todo lo anterior, a lo menos, obligaría a
preocuparse a las autoridades en Chile.

            El problema que hay detrás
de todo esto, y se refleja en lo que se puede leer en los medios de
comunicación, es que más que preocuparse del fondo del problema, nos quedamos
en aspectos accesorios, como pedir explicaciones, protestar por algunas
expresiones, o alegar por la imagen del país. Más grave aún es el hecho de que
los vínculos que sí están bastante confirmados son los de Irán con Hezbolá y
con Bolivia, un vecino con el cual tenemos una larga y porosa frontera común.
Asimismo, con Venezuela, desde donde proviene una migración descontrolada. Sólo
para cerrar el cuadro, debemos mencionar que el sistema de inteligencia
nacional es muy limitado —por no decir inexistente—, lo que impide enterarnos
de lo que ocurre dentro y fuera del territorio. En otras palabras, el hecho de que
no tengamos antecedentes de la presencia de Hezbolá en Chile no es sinónimo de
que no esté presente o que no tenga la intención de hacerlo. Es como conducir
un vehículo sin luces en la oscuridad y confiar en que no nos estrellaremos con
un árbol dentro de un bosque sólo porque no los vemos.

Finalmente, peor aún que no saber sobre lo
planteado en este texto, es que hay pocas posibilidades de que podamos despejar
las dudas. Por un lado, las autoridades empiezan por negar de plano siquiera la
posibilidad de que las informaciones recibidas sean ciertas, o parcialmente
ciertas, o que sea recién el inicio de algo que en el futuro podría
transformarse en una real amenaza. Y, por otro, como se mencionó, el país carece
de un sistema de inteligencia moderno, integrado, permanente y capaz de
proporcionar, o confirmar, este tipo de información u otros antecedentes
vitales para la seguridad del Estado y de los ciudadanos que habitan en su
territorio, sin mencionar que no contamos con una arquitectura de seguridad
nacional que vele por estos problemas y asesore permanentemente al poder
político.

Entonces, ¿podemos
realmente afirmar que Irán o Hezbolá no están operando en Chile?

 


[3] Presentación
de la Comandante del Comando Sur de Estados Unidos, general Laura Richardson, frente al comité de
Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos,
el 8 de marzo de 2022.

[7] Patricia Bullrich, ministra de Seguridad
de Argentina, entrevistada en el podcast “Border Wars”. Disponible en:
https://www.youtube.com/watch?v=Y_l2s_nl4E4

[9] Presentación
de la Comandante del Comando Sur de Estados Unidos, general Laura Richardson, frente al comité de
Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos,
el 8 de marzo de 2022.


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