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COLUMNA | Los verdaderos desafíos en Defensa

La función defensa es de la mayor preocupación y debe ser abordado con profesionalismo, profundo conocimiento y un alto sentido patriótico.

31 de Marzo de 2026 El Líbero John Griffiths & Marcelo Masalleras
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COLUMNA | Los verdaderos desafíos en Defensa

En una reciente publicación en este medio de comunicación, la Dra. Loreto Correa, docente de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos, titulada “Política de Defensa en Chile: diagnóstico sin estrategia”, plantea una serie de observaciones y comentarios. En primer lugar, se debe felicitar a la Dra. Correa por relevar un asunto muy importante para la defensa nacional, como es la definición de una política sectorial actualizada y moderna. No podemos más que coincidir con ella cuando expresa su preocupación al ver que la política retirada desde la Contraloría General de la República se perdía en asuntos complementarios, sin entrar en definiciones trascendentales. También es oportuno destacar la necesidad de pensar la defensa con una visión estratégica, de mediano y largo plazo. No obstante, dentro de sus planteamientos hace referencia a una publicación de Athenalab denominada “Antiguos desafíos de seguridad nacional y defensa para nuevas autoridades”. Sobre lo planteado, estimamos conveniente hacer un par de comentarios para contribuir a la discusión sobre estas materias.

Por un lado, la profesora Correa advierte, a modo de comparación, que dicho texto “escrito en plan pauta” se limitaría solo a enumerar amenazas “pero no desarrolla con precisión cómo estas se traducen en escenarios estratégicos concretos para el país, ni define con claridad qué tipo de capacidades militares” o de otras características se necesitan. Al respecto, es pertinente aclarar dos aspectos. Primero, el objetivo del documento de AthenaLab no es el que ella infiere, si no que, tal como el título sugiere, plantear desafíos generales para la función defensa de una nueva administración, muy lejos de pretender un documento que identifique amenazas, evalúe riesgos y defina capacidades. Difícilmente, en un artículo que no alcanza las 1.400 palabras —el que ni siquiera menciona la Política de Defensa— se podría cumplir con el desafío que plantea la académica. Segundo, el documento de AthenaLab tampoco enumera una lista de amenazas, si no que solo menciona un conjunto de fenómenos que afectan al Estado, dentro de los cuales no hay solo amenazas, también se mencionan vulnerabilidades y debilidades. Lo que la doctora Correa demanda sería propio de un proceso de reflexión estratégico mucho más extenso y profundo.

En resumen, lamentamos que nuestro documento se haya mal interpretado, pues nunca pretendió ser un análisis político estratégico, tampoco un examen de la política de defensa con la que se le quiere comparar, ni mucho menos una apreciación de amenazas; solo tenía el objetivo de aportar —no en modo de pauta como se plantea, nada más lejos de nuestro propósito— a la discusión sobre los desafíos generales de la defensa. Pretender comparar o siquiera relacionar dos documentos de distinta naturaleza y objetivo termina siendo inútil.

Por otro lado, conviene aprovechar esta oportunidad, para reiterar algunos puntos que desde este centro de estudios hemos insistido por algunos años. Se debe tener precaución en el uso de los términos. Amenazas y riesgos están íntimamente relacionados, pero no son lo mismo, por lo que no es conveniente usarlos como sinónimos. Del mismo modo, se debe evitar confundir conceptos como estrategia de defensa y política de defensa, pues ambos son instrumentos de gran valor, pero tienen fines distintos. Mientras la segunda debe entregar orientaciones y prioridades de la función defensa derivadas —idealmente— de una estrategia de seguridad nacional, la otra define cómo se emplearán los medios disponibles para lograr cumplir con los objetivos definidos.

Destacamos que la profesora Correa reconozca la necesidad de contar con una estrategia nacional, sin embargo, llama la atención que no identifique, al mismo tiempo, la necesidad de una estructura que permita sustentarla, vale decir, una arquitectura de seguridad nacional que hoy no existe (invitamos de revisar la propuesta “Consideraciones generales para una Arquitectura de Seguridad Nacional de Chile” de AthenaLab, publicada en enero de 2026). Del mismo modo, asigna a dicha estrategia nacional la posibilidad “de traducir los riesgos en escenarios reales y los escenarios en capacidades concretas”, en circunstancias que dichos desafíos son distintos y deben ser abordados por diferentes niveles de la conducción estratégica: política-estratégica (propio de la gran estrategia-nivel nacional) y estratégica militar (propio de la defensa-sectorial).

Otro aspecto que llama la atención es que la doctora Correa cite a modo de referencia la pretendida “Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa” presentada el año 2012. Lo anterior, toda vez que el mencionado documento, si bien fue una interesante iniciativa, mezclaba dos niveles distintos (seguridad nacional y defensa nacional) los que, si bien están íntimamente relacionados, no son equivalentes. En todo proceso de planificación nacional serio y moderno, siempre es primero la estrategia de seguridad nacional y después las estrategias sectoriales, como es la de defensa. Mezclar ambos ámbitos es un error metodológico ya que la política o la estrategia de defensa, son subordinadas a las de nivel nacional.

Por último, si bien se podría entender el sentido retórico de la expresión “vacío estratégico”, es difícil comprenderlo totalmente. Esto, pues se debe reconocer que la Defensa Nacional cuenta con autoridades legales que la dirigen permanentemente; Chile dispone de una Política de Defensa vigente, publicada en 2020, que requiere ser actualizada, por cierto; tenemos una estructura de defensa que vela por el cumplimiento de las misiones asignadas en la Constitución Política de la República y otros cuerpos legales; por lo que no se evidencia dicho vacío.

No obstante, lo que se sí se reconoce es que la defensa enfrenta serios problemas presupuestarios en un escenario de creciente demanda por tareas de las Fuerzas Armadas; lo que se suma al preocupante avance en la obsolescencia de algunos sistemas de armas estratégicos; al verdadero desafío que representa el reclutamiento, desarrollo y retención del talento; así como la necesaria incorporación de evidentes experiencias en el uso de nuevas tecnologías y empleos operacionales. Son este tipo de asuntos del mayor interés, los verdaderos desafíos para la función y que deben ser incorporados, desde nuestro punto de vista, en el análisis de la nueva administración.

Finalmente, vale la pena agradecer y aprovechar esta gran oportunidad otorgada por la doctora Loreto Correa, en manifestar que, tal como ella reconoce, la función defensa es de la mayor preocupación y debe ser abordado con profesionalismo, profundo conocimiento y un alto sentido patriótico. En estos procesos, la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos tiene un rol clave en el que puede convocar a los centros académicos y comunidad de defensa, para una discusión informada y responsable en apoyo a la revisión y actualización que ejecutará el nuevo gobierno.

*John Griffiths – Director ejecutivo de AthenaLab.

*Marcelo Masalleras – Jefe de seguridad y defensa, AthenaLab.

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